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viernes, 16 de septiembre de 2011

LABORDETA V - "VENGO A CANTARLE A LA EMIGRACIÓN"

José Antonio Labordeta.

Entre los paisajes y los personajes que Labordeta nos ha fotografiado en sus canciones, merece la pena destacar aquellos que, durante muchos años, sufrieron el impacto y la crueldad de la emigración, realidad social que José Antonio ha abordado ampliamente, con una gran riqueza y variedad de matices, y con especial sensibilidad.

En este sentido me limitaré tan sólo a ir hilvanando los textos de sus canciones estructurándolos en cuatro secuencias: el origen y las causas de la emigración, la dolorosa salida de los emigrantes hacia otras ciudades españolas o extranjeras, el dolor y la soledad de los que se quedan y de lo que se abandona, y el regreso –cuando se produce–, reencuentro, no siempre liberador, con lo que tanto se amaba.

José Antonio Labordeta.

El origen y las causas de la emigración aragonesa, al igual que en otros pueblos de España, entronca directamente con la realidad social de la pobreza y de las desigualdades sociales; es decir, con la miseria y con la injusticia sufrida por un amplio sector de la ciudadanía carente de los horizontes y de los medios económicos suficientes para poder sobrevivir en su propio hogar con un mínimo de dignidad.

«Estate toda la vida
amorrao a los secanos
pa que luego, desde arriba,
te los quiten de las manos».
("Cuando se agosta el campo").

«Hace tiempo que nos dicen
que ya todo se andará:
Aquí lo único que anda
es la gente que se va
que camina con su casa
y nunca más volverá»
("Cantes de tierra adentro").

Situación desesperada, vivida con la más radical impotencia, y ante la que sólo se encontraba una salida: cerrar la casa, o dejar en ella a parte de la familia amada, para buscar, en el desarraigo de otras tierras –en algún lugar del mapa– el pan y el trabajo, que en la suya les eran negados.

«A esto del mediodía
y el sol subido,
detenemos el tajo
para un suspiro
y entre bocao y trago
contemplo al chico
que el día que madure
se irá contigo...
... contigo a no sé donde
aquí no hay sitio,
ni lugar, ni trabajo
para este crío».
("A varear la oliva")


Con la casa a cuestas y con la rabia que produce abandonar lo que se ama, fueron muchos miles de hombres y de mujeres aragoneses –especialmente campesinos– los que se vieron obligados, de forma irremediable, a tomar los trenes de la emigración.

José Antonio, en su canción "Todos repiten lo mismo" –posiblemente una de sus canciones más duras y de mayor amargura– nos describe la imagen dolorosa de esa salida.
«Si en algún camino encuentras
gente con la casa a acuestas
no les hables de su tierra
que te mirarán con rabia.
Con la rabia en la voz y el viento,
con la rabia en sus palabras,
con la rabia que produce
abandonar lo que se ama».
("Todos respiten lo mismo")

La tercera secuencia que Labordeta nos ofrece, sobre la experiencia y el drama de la emigración, tiene como escenario la situación desoladora en la que quedan el paisaje y los pueblos tras el abandono, a veces masivo, de trabajadores, y, con frecuencia, de familias enteras que, huyendo de la pobreza, se ponen en camino a la búsqueda incierta de una nueva esperanza.

«Sólo quedan los viejos
y los barrancos
como esqueletos rotos
contra la tarde.
Tardes que se hacen noches,
noches enteras
esperando la vuelta
que nunca llega».
("Las arcillas")

De nuevo en esta perspectiva, José Antonio logra introducirnos en esa situación desoladora, a través de su conexión vital, afectiva y poética con los seres humanos que la protagonizan, y, en particular con los ancianos.
En concreto, hay tres canciones en las que Labordeta nos sumerge en esa realidad, configurando una descripción de los hechos, profunda, de radical humanidad y muy conmovedora.  Esas tres canciones son: «La vieja», «Carta a casa» y «Poema».

«Siempre te recuerdo vieja
sentada junto al hogar,
acariciando la lumbre,
la cadiera y el pozal.
La tristeza de tus ojos
de tanto mirar,
hijos que van hacia Francia
otros hacia la ciudad.
Miguel dice que va bueno
y parió la del Julián.
Tú te quedas con tus muertos
rezándoles sin parar,
pensando que en esta vida
sólo se puede llorar.
Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá».
("La vieja")


«Te escribo hoy para contarte
lo que va sucediendo por la casa,
por las gentes del barrio,
los amigos, por la fábrica vieja,
lo que sucede y pasa.
Aquí madre está vieja,
igual que el tiempo,
y el abuelo Manuel ya lo internamos
por aquella locura de insensato
de salvar del naufragio al sindicato.
De María las nuevas no son buenas
pues anda enferma, dicen, por Gerona;
menos mal que a Raúl, lo han contratado
de travesti en un salón encopetado.
Y a mí, ya me ves, de casa a la oficina
y luego, por las calles,
a ver cómo se pierde el tiempo 
en las esquinas».
("Carta a casa").

«Te escribo, Juan, hermano,
ahora que la lluvia recorta suavemente
los ruidos en la calle,
para hablarte de que ayer allá arriba,
en el pueblo vacío del lento somontano
enterramos la abuela en aquel cementerio
cubierto de yerbajos, arbustos
y lápidas deshechas por el tiempo,
las nieves y el olvido [...]
La dejamos quieta allí, bajo la yerba,
las nubes pasajeras, los cierzos agoreros y los riscos.
Luego, cuando salimos, ya no quedaba nadie en el contorno.
Y aquí,en la ciudad de nuevo,
el abuelo, viendo caer el agua tras de los vidrios
ha murmurado lento, con sonrojo:
hoy seguro que llueve también
sobre la abuela, allá arriba, en el pueblo».
("Poema")

Unidas a estas tres canciones, son también numerosas otras en las que Labordeta vuelve a ofrecernos una nueva galería de personajes entrañables que no recorrieron, en un principio, los senderos de la emigración, pero que, un día, incapaces de soportar la soledad también optaron por la huida hacia las ciudades.

Entre esos personajes: Miguel –que protagoniza la canción "Coplas del tión"– que contemplaba cómo se marchaban del pueblo todas las mozas, y que decidió vender toda su hacienda para bajarse a la ciudad y colocarse en una tienda, antes que quedarse para tión, es decir, solterón: «Me aguantaré los modales, el ruido, la polución; todo antes de que me entierren solitario y de tión»; y como él "Severino el sordo", pregonero rural, que meditando sobre su situación de soledad y sobre la inutilidad de su oficio, llega a la siguiente conclusión: «Un día cojo la cabra, la trompeta y el tambor y me voy a Zaragoza y que pregone el patrón».



Y, junto a ellos, hombres y mujeres que, como Pedro Acín Bescós, optaron por quedarse aferrados a la tierra y a la esperanza «aguardando el temporal».

«María me dice: "Coño
marchénos de una vez".
Yo me hago el sordo y me digo:
"Esto no se puede perder".
Y aquí sigo en la matraca
de sembrar sin recoger,
a ver si algún día alguien dice:
"Ayúdenos de una vez"».
("Coplas de Santa Orosia")

Y, por último, una cuarta secuencia, protagonizada por los emigrantes que un día regresaron a la tierra natal; regreso, a veces voluntario, y, a veces, forzado por las circunstancias, que, en cualquier caso, siempre se producía en el marco de una profunda contradicción entre la emoción desbordante que supone el reencuentro con la tierra y el hogar, y la experiencia desalentadora y frustrante del dado irreparable que el tiempo y la distancia ocasionaron en sus vidas sin haber logrado, a pesar de ello, las expectativas y la liberación soñadas en aquel día, para muchos muy lejano, en el que iniciaron su exilio.

José Antonio Labordeta, aproximándose a esta cuarta secuencia, nos ofrece, en 1985, su "Crónica del regreso"; crónica cantada en la que de nuevo reaparece su lenguaje directo, testimonial y sensitivo, teñido, una vez más, de un realismo dramáticamente existencial.

«Me han cerrado la casa en silencio,
me han mandado otra vez para aquí,
a la piedra terrible, al secano,
cuando yo me he dejado los años
donde uno trabaja por mil.

Y de golpe me encuentro en mi casa,
forastero en donde nací,
forastero también en el tajo
donde yo levanté con mis manos
lo que uno trabaja por mil».
("Crónica del regreso")

José Antonio Labordeta.

2 comentarios:

  1. La emigración fue un drama que, por suerte, yo no viví directamente (mis padres, como casi todos los padres que se agrupan en torno a Madrid, sí son inmigrantes en Madrid: concretamente desde Extremadura y desde Castilla y León), pero es algo que, temáticamente, siempre me ha emocionado: me han encantado esas fotos tan entrañables que has puesto para ilustrar... Entrañables y acertadas.
    Siempre he pensado (probablemente te lo habré leído) que cantantes como Labordeta, lejos de separarnos -como dicen ciertos (...)-, au contraire, nos han acercado los unos a los otros, comprendiendo las vicisitudes de cada región. Esto es algo que algún día se reconocerá sí o sí.
    Finalmente no puedo dejar de hacer notar que casi todos los personajes de las canciones de Labordeta se llaman "Miguel", obviamente por ser un nombre tan cargado sentimentalmente para él.

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  2. ¡Gracias por tu comentario!... Como siempre enriquecedor... ¡Que no nos faltes nunca!.

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