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jueves, 15 de septiembre de 2011

LABORDETA IV - "VENGO A HABLAROS DEL SER HUMANO: DE SU DOLOR Y DE SU ESPERANZA"

José Antonio Labordeta

Los paisajes fotografiados a través de la palabra cantada de Labordeta, a los que hacía referencia en el "cuelgue" de ayer, son siempre paisajes empapados de humanidad; paisajes en los que podemos escuchar y encontrarnos con el latido de los hombres y de las mujeres que los habitan.

José Antonio ha sabido siempre pegar su oído y sus sensibilidad al gesto, al decir y al sentir de las gentes de Aragón y, en particular, de las más desposeídas.

En sus canciones siempre ha sabido dar cobijo y sombra –especialmente en los tiempos del gran desamparo– a "leñeros", "aceituneros", "oliveras" y "masoveros" con hambre y con soledad; al "abuelo" –viudo triste, viendo caer el agua tras los vidrios–, y a la "vieja", eternamente paciente, quemando largos atardeceres de espera en interminables noches de impotencia; a "lucinios", a "severinos" y a "lambertos" fieles y entrañables; a "Ramón Cabeza", compañero de días escolares con las manos llenas de frases que hablaban de la tierra, de la solidaridad y de la paz que hermana, y que alguie se las truncó antes del alba; o al "niño de la montaña"; a tantos y tantos "emigrantes" hartos de promesas, con la casa a cuestas, y con la rabia y el desgarro que produce abandonar lo poco que se tiene y lo que tanto se ama; a "Pedro Acín Bescós", pobremente amarrado a la tierra e invocando a la solidaridad: «Aquí sigo a la matraca de sembrar sin recoger, a ver si algún día alguien dice: Ayudemos de una vez».


José Antonio Labordeta.

Toda una galería de retratos en los que, como pinceladas ocres estraídas del secano, se repiten constantemente palabras como "abandono", "miseria", "hambre", "soledad", "pobreza", "sufrimiento", "llanto", "cansancio", "tristeza", "desaliento", "rabia", "odio", "dolor", "espanto", "paciencia" o "ausencia"; palabras duras y amargas que contrastan, también de forma constante, con un fondo de luz en el horizonte que apunta siempre hacia la esperanza; esa esperanza que surge en la lucha «contra el viento, la sangre y la impiedad»; esperanza revolucionaria, confiada y vociferante que, como nos decía José Luis Aranguren, consiste en «romper con todo lo establecido, que no es moral, para inventar todo lo que aún está por establecer».


«No te quedes a la puerta
entra hacia adentro
que de la cocina, el fuego
es tuyo y es nuestro».
("No te quedes a la puerta")

«... Y entre todos hay que levantar
una esperanza segura
de que todo va adelante
y si alguno queda parado
decirle que es caminante».
("No cojas las acerollas")

Disco grabado y editado por José Antonio en 1978.

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