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domingo, 21 de abril de 2013

LÁZARA RIBADAVIA: "ÁNGEL", "DUENDE", O LO QUE SEA... ¡SÓLO SÉ QUE ME ENCANTA!


Lázara Ribadavia.

Hoy, este "cuelgue" voy a dedicárselo a una trovadora cubana hacia la que siento una gran admiracion y a la que, además, me une una entrañable amistad: me refiero a LÁZARA RIBADAVIA, compositora  e intérprete nacida en La Habana, que actualmente residente en España.

La primera vez que supe de su existencia y que escuché su música fue en el 2008, gracias a Víctor Casaus –director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau–; Víctor me hizo llegar su primer disco titulado "Canción de tarde", editado dentro de la colección "A guitarra limpia" y grabado en directo en el patio del edificio que ocupa el Centro Pablo en La Habana Vieja. La audición de aquel disco me produjo un gran impacto.


Las canciones de Lázara, hermosamente interpretadas y navegando entre el intimismo y la pasión, lograron atraparme; aquella mujer, como dijo de ella la grandísima Sara González, tenía, y tiene, "ángel"Lorca le llamaría "duende"–; son canciones que transmiten y contagian latidos y sentimientos profundos y vivos, y que difícilmente te dejan indiferente.

Recuerdo muy bien, por ejemplo, el silencio interior que me produjo escuchar por primera vez su canción titulada "Amigo bueno", canción breve, muy bien escrita, entretejida con hermosas metáforas, e interpretada sobre una sencilla y preciosa melodía. (Os propongo pinchar a continuación para escucharla)


«Yo tengo un amigo bueno,
un arlequín de la suerte, 
un despilfarro de sueños,
que de listo, siempre pierde.

Llega de campo buscando qué amar,
sucio de tiempo me invita a volar,
anda con pecho travieso, 
recoge muñecos, y sabe llorar.

Yo tengo un amigo viejo
que se viste de duende para amarme, 
me roba un poco de luz,
y parte».

A partir de la audición de aquella canción el disfrute parecía estar asegurado y así fue, me lo confirmó justo el siguiente tema grabado en aquel disco; tema titulado "Despedida", canción de "ausencia" que ella dedica –con mucha ternura– a las personas amadas que, por unas u otras circunstancias, hay que despedir e ir dejando atrás; personas a las que Lázara cariñosamente califica como «grandes pedazos lejos, que ya son bastantes».

Lázara Rivadavia.

«Se apoderó de mis retazos
con un silencio de casi no ser, 
él que me halló hecha pedazos,
él que moría por querer.

Él que arrendaba mariposas blancas, 
en pleno invierno se me hizo tan fiel, 
que me enseñó a pacer las rosas,
y le dejé todas mis cosas,
un sueño, un buen poema, una mujer.

Hoy se despide a puro intento,
pocos creen que va a volver; 
quizás me mande algún aliento 
cuando las rosas no sepan que hacer.

Como el que va, con mucha fe,
como el que gana andando un ala,
él se me aleja soñador, sin ver
que se me queda dando vueltas el alma». 

Podría seguir glosando todas las canciones de aquel disco, una por una, y para mí sería un placer; pero no, no voy a hacerlo, prefiero que os hagáis con el disco –puede adquirirse en iTunes– y que os arrebate, como a mí, la sorpresa. 

De toda formas no puedo resistirme a nombrar una preciosa versión que Lázara nos ofrece –en su primer disco– del bolero "Sabor a mi", de Álvaro Carrillo; tema que interpreta con el acompañamiento a la guitarra de su padre Jorge Ribadavia, que fue quien le regaló su primera guitarra cuando solamente tenía tres años.


En el año 2012, Lázara Ribadavia grabó –también en un concierto ofrecido en el patio del Centro Pablo– su segundo disco titulado "Razones", disco con el que reafirmaba, por una parte, su buen gusto literario y su capacidad poética; y, por otra, ese "angel" musical –tan rebosante de ternura y de sensibilidad– del que antes hablaba.


Valga como muestra, y como confirmación de lo que digo esta canción que es la que le da el título genérico a este segundo disco de Lázara; preciosa canción con la que experimenté algo muy similar a lo que me ocurrió con aquel "Amigo bueno", es decir, ¡me enganchó de pleno!...; y es que así es de "linda" y de gran trovadora esta cubanita del alma.


«Que grande es tu corazón,
que buena suerte la mía,
quién me pagó con tu amor,
como me alivias la vida.

Hay una estrella, quizás,
en el banco de algún parque,
hay veinte mil mal heridos
rotos de fe por las calles,
un loco agita su espada
en una guerra de nadie,
mientras tu abrazo mi amor
devuelve el sol a mi valle.

Que grande es tu corazón
que buena suerte la mía
quién me pagó con tu amor
como me alivias la vida.

Y secuestran la ilusión
cuatro pandillas de malos, 
y se le ocurre a un suicida
decir te quiero en la radio,
el mundo grita su espanto 
por los que arriendan la ira,
y yo me rompo de paz, 
si tú me besas mi vida.

Que grande es tu corazón
que buena suerte la mía
quién me pagó con tu amor
como me alivias la vida.

Debe haber una esperanza
tienen que salir caminos, 
nadie me pida razones 
si quiero cambiar de vino, 
ocupémonos del mundo
que exige luces abiertas,
como se ocupa mi amor
de los sueños en mi puerta.

Que grande es tu corazón
que buena suerte la mía
quién me pagó con tu amor
como me alivias la vida»


No quiero alargar más este cuelgue para que podais disfrutar y saborear con calma de las canciones que os he propuesto escuchar. 

Casi para concluir, me gustaría pedirle a Lázara Ribadavia que nos siga cantando como quien respira; que luche, todo lo que pueda, para que podamos seguir disfrutando de su "duende", de su encanto, de su sensibilidad... La tenemos cerca, de momento, y no queremos perderla dentro del universo de nuestra canción popular.

Decía "casi concluir" este "cuelgue" porque, en realidad, quiero hacerlo –por supuesto con el permiso de Lázara– dedicándole una de sus canciones a ALFREDO GUEVARA que se nos fue en estos días; tuve la suerte de conocerle en Madrid, en 1976, cuando cantaron por primera vez en España Sara González, Amaury, Milanés y el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC; recuerdo perfectamente aquellos conciertos y aquel primer encuentro con Alfredo... Pues bien, ¡Alfredo, allí donde quiera que estés escucha esta canción que quereremos dedicarte! ¡Va por ti!



«Soplan vientos de nostalgias,
anda triste un corazón,
te apoderas de mis ganas
y me entrego a tu pasión,
mi Habana,
Si fueran tiempos para naufragar
regresaría a tu rincón.
Si es ola esta ilusión que canto,
si es mar azul haciéndote el amor,
permíteme intentar que puedo
volar camino de otra luz,
si sabes que al final en tu embrujo me quedo
y rompo la ansiedad en tus boleros,
mi Habana».
("Mi Habana". Lázara Ribadavia)

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