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miércoles, 25 de julio de 2012

TERESITA FERNÁNDEZ Y GABRIELA MISTRAL. ENCUENTROS Y PASIONES COMPARTIDAS.

Teresita Fernández. (Fotografía: Kaloian).

Se lo comentaba hace un momento a uno de los buenos amigos que tengo en La Habana: pensar  en la maestra y trovadora TERESITA FERNÁNDEZ –nacida en Santa Clara (Cuba), en 1930–; leer sus memorias en un libro que tengo aquí a mi derecha llamado «Yo soy una maestra que canta» –coordinado por Alicia Elizundia Ramírez–, y escuchar sus canciones, resulta para mí como un respiro, como una inyección de aliento y de esperanza... ¡qué gran mujer!... ¡sencillamente admirable!...

Algún día, muy pronto, escribiré varios "cuelgues" dedicados a su biografía y a su obra; hoy quiero partir reproduciendo una pequeña reflexión que ella misma formula sobre su identidad; reflexión que entra en total relación, con lo que ayer hablábamos sobre los cantautores que comparten la creación musical con el desarrollo activo de su profesión como maestros o maestras. 

«Me considero una maestra que canta –afirma Teresita Fernández–, porque si con mi música no soy capaz de transmitir algo, de enseñar algo, entonces nada de lo que hecho hubiese valido la pena. José Martí decía que el maestro, dondequiera que esté, tiene que plantar su tienda de maravilla, porque hace falta que venga al mundo gente a conmover».

Teresita Fernández. Flores y abrazos para una gran maestra.

Y realizada esta introducción, hoy y mañana, voy a centrarme en una de las reflexiones y experiencias de Teresita Fernández que, desde que la conocí, más me interesaron y emocionaron, me refiero a su descubrimiento y a su relación creativa –poética y musical– con GABRIELA MISTRAL y con JOSÉ MARTÍ.  Me voy a limitar a reproducir sus palabras, hoy referidas a Gabriela; palabras tomadas del libro anteriormente citado.

«Hay dos cosas –dice Teresitaque han marcado mi vida para siempre que es el "Ismaelillo" de Martí –libro en el que se refleja toda su ternura, no sólo paternal, sino maternal hacia su hijo José Francisco–; y la obra de Gabriela Mistral.

Lo primero fue el deslumbramiento con la poesía de Gabriela, la leí desde casi mi adolescencia y me conquistó. Leí a Alfonsina Storni, a Juana Ibarbourou, a Delmira Agustini, pero cuando descubrí la obra de Gabriela y la compara con las otras poetisas, que también hablaban de los derechos de la mujer, del amor, la Mistral era más que eso. Se proyectaba como una gran mujer de América, en defensa del indio y de los valores del continente. Además de descubrirla como poetisa, me impresionó su origen sencillo, su profesión de maestra rural y su consagración a los niños. Tomé a Gabriela en el momento en que se definía mi vocación por el magisterio, entonces se convirtió en un símbolo que nunca he abandonado. A pesar de mi desenfado ella es la mujer con la que más empatía tengo. Me suscribo a su profundo sentido de nuestra América, a su vocación por los pobres, su ternura hacia los niños y a su profunda feminidad ultrajada. Después de estar unos años con la guitarra a cuestas, leo algo que ella dijo en sus rondas: "Nacieron los pobres con pies inválidos, buscando un músico que los echara a volar", y fue cuando decidí  musicalizar sus veintiocho rondas, lo cual ha sido una gran satisfacción. Las hice todas de un tirón porque iba pasando las hojas y sintiendo la música.


Teresita Fernández.


No llegué a conocerla porque increíblemente estuvo en Santa Clara, invitada por el Club de los Rotarios, y a mi me encomendaron para llevarle un ramo de flores, y por no tener un vestido adecuado para ir a la cena, no fui, y no me lo voy a perdonar nunca porque ahora iría hasta vestida de indigente. Claro su visita fue todo un acontecimiento para la ciudad y en aquel banquete, donde la poetisa dijo un discurso, estaba lo más selecto de la clase "high" santaclareña. Me escogieron porque yo era muy amiga de una profesora que se llamaba Concha Falcón, que estaba en la comisión organizadora, y como ella fue la que me enseñó a conocer a la Mistral, sabía que me había fascinado mucho con su poesía, con aquello de "Oración a la maestra". Eso fue en los comienzos porque después yo he ido descubriendo a otra Gabriela. Primero leí las canciones de "Desolación", que una gran parte son infantiles, y después los poemas de "Nuestra América" que son sinfónicos, y además totalmente americanos y universales tanto en la forma como en el fondo.


[...] En su libro "Desolación" tiene una sección llamada "Los motivos del barro", donde dice que quisiera ser polvo porque con él los alfareros crean distintas cosas de arcilla, y que no quisiera ser ladrillo de una cárcel, sino ladrillo de un a escuela, pero que sobre todo quisiera ser el polvo de los caminos para que los niños la pisen, y corran encima de ella. Y cuentan que en la tumba de Gabriela Mistral, están marcadas las pisadas de los niños que quedaron impresas en el cemento fresco. Mira a que grado de humildad llegó esta mujer.


Gabriela Mistral.


Y otra cosa que ha sido un premio para mí, porque los premios no son lo que la gente cree, son otros. Vino un muchacho joven que estaba estudiando Arquitectura, a decirme que sus padres están en Chile y tuvieron la oportunidad de ir a la tumba de Gabriela, allá en los cerros del valle de Elqui. Subieron recogiendo flores, y cuando llegaron, además de ponerles las flores, lo único que se les ocurrió fue abrazarse llorando y cantar "Dame la mano y danzaremos...". Los chilenos que iban junto con ellos les preguntaron como se sabían las rondas. Y ellos respondieron: "Gracias a Teresita Fernández", cuenta el muchacho, y yo digo: "Gracias a Graciela que es mi maestra".... Su "Dame la mano y danzaresmos..." no puede faltar en ninguna de mis peñas, con ella siempre abro y cierro, porque es una ronda muy solidaria y eso es lo que necesitan los pueblos de América». Y yo ahora añado...: eso es lo que necesitan, hoy más que nunca, los pueblos de Europa, y los pueblos del mundo entero.

En este vídeo podemos escuchar a Teresita Fernandez interpretando la ronda "Dame la mano", de Gabriela Mistral.

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