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jueves, 23 de junio de 2011

JABIER BERGIA - II. Primeros recuerdos. Empapándose de música y creando sueños.

Javier Bergia. (Fotografía de Sanguinetti realizada en 1989
para el lanzamiento del disco "Tagomago", publicado por "Gasa".

Jabier Bergia nació en Madrid, el 3 de junio 1958; concretamente en una casa situada en la calle Cedaceros 4. Calle y casa familiar, enclavadas en el centro de la gran ciudad, a las que Javier le dedicó su noveno disco titulado precisamente así "Cedaceros 4"; obra, publicada en el año 2007, en la que Javier reivindica la memoria del tiempo y de las circunstancias sociales, políticas y afectivas –o sentimentales–  en que transcurrió su infancia y su adolescencia.

En la calle Cedaceros 4, hoy,
conservando la fachada
 se encuentra este hotel de lujo.
De entre las canciones que compusieron aquel disco –que comentaremos más adelante– cabe recordar la que Javier llamó "Aquellos días", tema que abre el disco, y que nos ofrece una minuciosa secuencia de imágenes traducidas al lenguaje verbal –que con el refuerzo de la música– nos dibujan la cotidianidad de la vida de un niño y de un adolescente inmerso en un clima de represión generalizada, en pleno "franquismo". 

Canción hermosísima y de gran interés por dos razones, en primer lugar, porque pone de manifiesto la enorme y la fantástica capacidad descriptiva que Bergia puede llegar a desarrollar en su lenguaje poético; y, por otra parte, porque es, en realidad, todo un capítulo de la historia de España, desde la perspectiva de la vida cotidiana; vida entretegida de latidos y de sentimientos que no narran los libros de Historia y que debería enseñarse en las escuelas.


«Aún recuerdo aquellos días de la trenca y el verdugo
de las “Botas de Gorila”, del colegio de agustinos.
Por la calle de Valverde arrastrando la cartera
todo un niño por la acera caminando hacia el futuro.

Del aroma del tintero, del plumier y de la goma,
de los “Nodos” en el cine y “Quo Vadis” hacia Roma.
Y el terror de los petardos que lanzábamos al cielo 
y el camión aquel del hielo devorando la Gran Vía.

Y cantábamos canciones encerrados en el baño,
que felices vacaciones como acordes de oro en paño.
Hoy he vuelto a aquellas calles que aparecen en mis sueños,
del Madrid de aquellos días, hoy me quedan los recuerdos. 

Cara al sol en la azotea, la pizarra y el Caudillo,
los helados de barquillo, las peleasy el rosario.
Y el dolor de aquel calvario, de rodillas con faldones,
de tergal los pantalones, tantas veces monaguillo.

Y los cromos de “Bonanza”, las canicas y el TEBEO,
los tirones de pastillas, las manoplas y el trinero.
Y un Madrid en gris y negro con monóculo y sombrero 
dando palmas al sereno con el chuzo y el llavero. 

Y cantábamos canciones encerrados en el baño,
que felices vacaciones como acordes de oro en paño.
Hoy he vuelto a aquellas calles que aparecen en mis sueños,
del Madrid de aquellos días, hoy me quedan los recuerdos». 


Javier cuenta que su encuentro real con la música, se produjo cuando finalizó la "mili"; sus padres estaban empeñados en que estudiara arquitectura y él, que no soportaba aquellos estudios, decidió no hacerles caso y dedicarse a lo que realmente le gustaba: estudiar música; tocar, sobre todo, la guitarra; y componer.

A finales de los años setenta, recibió clases del extraordinario músico Gregorio Paniagua, al que considera su primer gran maestro, e inmediatamente después entró a formar parte del grupo de música antigua "Atrium Musicae" –fundado por Gregorio en 1964– con el que ha participado como multiinstrumentista en una gran cantidad de conciertos y grabaciones por todo el mundo. Hay que decir, que esta experiencia le proporcionó una sólida y disciplinada formación musical y una depurada técnica como instrumentista sobre la que Javier ha fundamentado después –y se nota– toda su actividad creativa.

En 1984 se integró al grupo "Finis Africae" –grupo de investigación sonora, de fusión de músicas étnicas, y de recuperación de instrumentos autóctonos–; en él, junto a músicos de la categoría de Luis Delgado, de José Alberto Arteche –creador del grupo "Nuestro Pequeño Mundo"– o de Olga Román –que acaba de grabar un precioso disco titulado "Seguir caminando"– Javier participó en dos LP's, verdaderamente históricos: "Primera travesía" (1984) y "Un día en el parque" (1985), dedicado al parque del Retiro de Madrid.



El mismo año en que Javier grabó "Un día en el parque", con "Finis Africae", decidió participar en la "Muestra Nacional de Canción Popular para Jóvenes Intérpretes", certamen celebrado en Jaén, en el que tuve el placer de participar como miembro del jurado, y en el que, aquel año, Bergia obtuvo el primer premio, lo que le permitió grabar su primer LP, editado en la empresa discográfica EMI Odeón.

En aquel primer disco, de 1985, titulado "Recoletos", se evidenciaba, por primera vez de forma pública, como Javier Bergia, además de ser muy buen compositor, era también un poeta urbano y un cantante de gran sensibilidad. Cualidades que inmediatamente capto Víctor Manuel que cambiando parte de la letra de la canción llamada "Recoletos", compuso otra –en versión "light"– a la que tituló precisamente con el texto del primer verso de Bergia, es decir, "Voy andando sola por la Castellana"; aquella canción la incorporó Rosa León a su disco "Cuenta conmigo" (1984), y dijeran, lo que dijeran, los créditos de la carpeta del disco, la canción era de Javier Bergia, y no de Víctor, que solamente había realizado una simple adaptación del texto y además no demasiado brillante.

Single del primer LP de Javier Bergia titulado "Recoletos" (1985)
En aquel primer álbum, el creador madrileño nos ofrecía todo un repertorio de canciones de corte esencialmente intimista, asociadas a paisajes urbanos madrileños, como el Paseo de Recoletos, la Gran Vía. el Retiro, o la Plaza Mayor; paisajes en los que acontecían historias de amor apasionado y experiencias concretas de búsqueda interior, siempre caminando y "criando sueños" entre semáforos, anuncios y luces multicolores; bajo la lluvia; en las noches de cielo estrellado; a la luz de la luna; o, simplemente, tocando la guitarra en un trastero solitario.

«Hoy estoy dispuesto
a dejarlo todo por mi
el tiempo se hará cargo de las cosas
los días son azules, mientras yo
estoy buscando a alguien
con quien hablar.
Todas las mañanas me despierto
corriendo por el parque del Retiro
es un sistema para adelgazar
y tienen resultados positivos.
Casi nunca tengo un duro
y cuando lo tengo me lo gasto
me encargo pantalones y zapatos
y no puedo pagarlos
y no sé que hacer.
Pronto cumpliré veinticinco años
tocando la guitarra en el trastero
en casa siempre sin saber que hacer
pintando monas y creando sueños.
Me quedé pensando en los sesenta
quería ser un hippie por mi cuenta
me fui a Ibiza y me puse a cantar,
tocaba la guitarra en cualquier bar.
Sin embargo espero que algún día
todo haya cambiado,
espero que la gente se de cuenta
de que todo ahora es raro
mientras yo no sé, no sé qué hacer».
("Veinticinco años")

1 comentario:

  1. Delicioso saber como se hizo un pedazo de artista en sus primeros años. Increibles la cronología de sus canciones, los tiempos que describen, su inquietud interior. Sigo esperando saber más de Javier. Gracias por estas crónicas de gente verdaderamente importante
    Antonio

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