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miércoles, 23 de febrero de 2011

NEFTALI ROBAiNA en una noche mágica

Fue la noche del 29 de febrero pasado en el Café Libertad 8; noche verdaderamente mágica en la que Diego Ojeda presentaba su nuevo disco "SEMÁFOROS EN VERDE", acompañado al piano por Alexis Canciano, y al saxo por Neftali Robaina.


Diego Ojeda, Alexis Canciano y Neftali Robaina, en Libertad 8
(Foto de Ana Gema Gómez)
Personalmente, después de muchos años de asistir a conciertos, tengo la experiencia de que hay algunos en los que, inesperadamente, surge algo que te impacta de una manera especial; algo que se te queda grabado en la retina y en el corazón, y que resulta difícil de olvidar.

En el concierto de Diego Ojeda, en Libertad 8, he de decir que experimenté varios de esos impactos –fue un concierto muy entrañable–, pero hubo uno que me resultó especialmente hermoso y gratificante, me refiero a la presencia y a la música que nos regaló Neftali Robaina con su saxo. 

Neftali con una aparente mezcla entre timidez y humildad, pero, a la vez, con un dominio absoluto del saxo, tuvo momentos musicales verdaderamente extraordinarios; momentos breves, pero de intensa belleza y armonía, en que consiguió que mi centro de atención se polarizara sobre su ejecución, y en los que su música consiguió zarandear, de arriba a abajo, toda mi sensibilidad.

Neftali Robaina
Este extraordinario saxofonista, residente en Las Palmas, ha colaborado en la grabación de varios discos de cantantes canarios como Víctor Lemes, Ardiel Zaya, Sergio Alzola o Diego Ojeda; y forma parte, desde el año 2006, del quinteto de jazz-fusión "Quinta Avenida" junto con Juanjo Espino (batería), Alfonso Soto (bajista), Tomás Espino (teclista) y Gustavo Mediavilla (guitarrista).

Quinta Avenida
Quinta Avenida
El reconocimiento que dedico en este "cuelgue" a Neftali Robaina –que, por cierto, ha entrado a formar parte del universo sonoro que me vengo construyendo a lo largo de toda mi vida– quisiera hacerlo extensible a todos los músicos que podríamos llamar "de reparto", aplicando la nomenclatura cinematográfica.

A mi, por lo general, en los conciertos me molesta cuando se realiza una polarización, casi exclusiva, sobre el artista que aparece en el cartel –llamémosle "la estrrella"– olvidando, o dejando en un segundo plano, a los músicos que le acompañan; músicos que muchas veces no se valoran lo suficiente por el público, pero cuya intervención suele llegar a ser clave en el desarrollo y en él éxito global de un concierto. 

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