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lunes, 14 de febrero de 2011

MÚSICA, CANCIÓN Y PEDAGOGÍA I - Crónica de un concierto histórico

A Patricia Fernández, a Diego Ojeda, a Rogelio Botanz,
y a todos los creadores que compaginan la composición e interpretación de canciones
con la enseñanza en Educación Infantil, Primaria o Secundaria.  

Creo que en más de una ocasión he hecho referencia a una de las obsesiones que me ha perseguido a lo largo de toda mi vida profesional como "maestro de escuela", me refiero a la necesidad de que los centros de enseñanza –de niños, adolescentes y jóvenes– abran de par en par sus puertas y sus ventanas a la música y a la canción popular en todas sus manifestaciones.

Tonxu cantando en una escuela. Fijaros en las caras de las niñas
y de Tonxu. Ha estallado la alegría... y es que Tonxu es así, sencillamente formidable.

Esta obsesión, me viene de lejos y tiene su origen en dos hechos, o circunstancias, que me marcaron mucho en mi adolescencia:    

El primero fue que la llamada "canción de autor" se convirtió para mí en mi gran maestra –mi mejor gran educadora–; la canción me enseñó mucho más que mis padres, que mis maestros y que los "curas" de mi parroquia –que por cierto, y con suerte, fueron "buena gente"...; la canción me enseñó a sentir, a amar la libertad, a amar en libertad, a amar con el alma y con el cuerpo, a despreciar las dictaduras, a revelarme contra la injusticia, a valorar la igualdad y la solidaridad, a soñar, a volar sin alas, a ser utópico, a creer en la esperanza, en fin... me enseñó a vivir... ¿Cómo desprenderme entonces de la canción cuando empecé a trabajar profesionalmente como maestro?.

El segundo hecho, o circunstancia que marcó mi obsesión por estrechar lazos entre la canción y la pedagogía fue la lectura –creo recordar que a los quince años– de un capítulo del libro "Almas de jóvenes", de Miguel de Unamuno; concretamente el titulado "Los naturales y los espirituales"...; conservo aquel libro de la antigua Colección Austral y me gusta releer, de vez en cuando, los párrafos que subrayé en su día y con los que hoy todavía me siento plenamente identificado. (Os recomiendo su lectura).

«Hasta las más elevadas hipótesis de la ciencia –escribe Unamuno– son doctrinas frías. Hay que hacerlas poesía, que es el alimento que recibe el pueblo, no hay doctrina que se asimile mientras no se haga poética. El poeta, el poeta es el que está más cerca del aldeano y es el que puede llevarle de la naturalidad a la espiritualidad [...]. El pueblo necesita que le canten, que le rían y que le lloren mucho más que el que le enseñen».

Como consecuencia de aquellas dos circunstancias, y tras finalizar mis estudios de magisterio, la canción y la escuela fueron siempre para mí inseparables. Y es de ahí de donde surge la organización y la celebración del histórico concierto sobre el que quiero hacer girar el contenido de este " cuelgue":

En 1990 se puso en marcha en nuestro país una importante Reforma Educativa conocida como la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo) en la que se hacía una muy especial incidencia en la necesidad de integrar la Educación en los Valores Democráticos dentro de la globalidad del proceso educativo de niños, niñas y adolescentes.

Puesta en marcha aquella reforma, y para apoyar su consolidación, organicé –con el apoyo de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez– el Primer Congreso de Educación en Valores celebrado en España; congreso realizado en Madrid los días 19, 20 y 21 de mayo de 1994; en el que participaron 360 profesores y profesoras de 36 provincias.

¡Y cómo no!... Una vez más surgió la obsesión de la que vengo hablando. Inmediatamente pensé que aquel Congreso no podía clausurarse de mejor forma que con un concierto planteado con una doble finalidad expresada en los siguientes términos:

«Rendir un sencillo homenaje a los poetas-cantores que durante años han sabido transmitirnos y contagiarnos, con sus canciones, la esperanza y el esfuerzo solidario por la consolidación de los valores democráticos; y reivindicar la "canción de autor" como uno de los lenguajes que debería hacerse presente en la escuela».

De derecha a izquierda: Luis Eduardo Aute, José Antonio Labordeta, Olga Manzano, 
Javier Álvarez, Andrés Molina, Marina Rossell, Manuel Picón, Pedro Guerra,
Pablo Guerrero, Luis Pastor y Fernando Lucini.

El concierto se realizó y fue extraordinariamente hermoso, sobre todo gracias a los amigos creadores que de forma generosa y desinteresada participaron en él: Pablo Guerrero, Luis Pastor, José Antonio Labordeta, Marina Rossell, Manuel Picón y Olga Manzano, Pedro Guerra y Andrés Molina –que acababan de aterrizar en Madrid para iniciar sus andaduras artísticas en solitario– y un jovencísimo y sorprendente Javier Álvarez que nos dejó a todos impresionados.

En el siguiente "cuelgue" amplío la información de este concierto, añadiendo un reportaje fotográfico.

14 comentarios:

  1. Voy a hacerte una confesión: aunque el primer libro de canción de autor que leí fue el de Torrego Égido, que también se ocupa de la dimensión pedagógica, resulta que, indirectamente, uno de mis primeros contacto puede, muy probablemente, que venga de ti. En 8º de EGB, la profesora de Lengua y Literatura (una tía muy inteligente, aunque entonces no la valorara), nos puso los poemas de Góngora y Quevedo cantados por Paco Ibáñez en el Olympia. Años más tarde (muchos), en mi primer encuentro material con Antonio Gómez, al contarle este primer contacto él me dijo que es un método que tú inventaste. ¡Cosas!

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  2. ¡Cuánto le debe esta Democracia a la canción de autor y que rápido se ha olvidado de ella!
    La de recuerdos que me trajo la Colección Austral.
    Fantástico "Cuelgue".
    Un abrazo Fernando.

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  3. Gustavo (albokarl2) me encanta lo que me cuentas, es posible que esa profesora haya sido una "buena" alumna mía en la Escuela de Magisterio.

    Te cuento una anécdota relacionada con el libro de Torrego Égido.

    Le conocí cuando publiqué los cuatro tomos de mi libro VEINTE AÑOS DE CANCIÓN EN ESPAÑA. Me llamó para decirme que estaba haciendo, creo que el doctorado, sobre la canción de autor y que necesitaba algunas orientaciones. Quedamos y nos vimos.

    Le ayudé lo que pude; pero lo más bonito y anecdótico fue que le regalé cinco o seis grandes ficheros metálicos con mas de cinco mil fichas de canciones con todos los datos de la grabación, las letras y las traducciones si eran catalanas, vascas o gallegas. Además iban agrupadas por temas.

    En aquel momento no había ordenadores y todo aquel material estaba escrito a mano...; un auténtico trabajo artesanal que realizamos mi mujer y yo..., recuerdo que diseñamos las fichas y nos las fabricó una imprenta; y que incluso para la traducciones tuvimos que contratar, con nuestros ahorros, a tres traductores.

    ¡De aquellos libros tengo un recuerdo entrañable!... Aquello sí que fue hacer realidad un sueño...

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  4. A propósito del modo en que las canciones nos proporcionan su peculiar modo de "conocimiento", compuse una pequeña canción (Por qué cantamos, disponible aquí en mp3 ) que decía:
    "Flor del entendimiento te considero,
    complemento certero de la razón:
    que no explican las ciencias
    lo que yo quiero
    como el verso sincero
    de una canción."

    Un saludo.

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  5. Yo tendría 11 años. El "Hermano" Fernando (De La Salle) en el colegio para los hijos de los obreros de Patricio Etxeberría, en Legazpi (Guipúzcoa) nos sacó de clase y nos dijo que nos llevaba al espacio privado que llamaban "la comunidad", donde los frailes trabajaban, escuchaban música... dijo que había algo que teníamos que escuchar... que además de "cuéntame"... que además de la banda sonora oficial de aquellos años 60 que nos martillaba por la radio, existían otras músicas. Creo recordar el olor a cera del suelo de madera, sentados en el suelo, y comenzó a sonar "Andaluces de Jaen" cantada por Paco Ibañez. NO hicieron falta discursos... bastaba la palabra de Miguel Hernández en la voz de Paco... aquel día, de algún modo, comencé a despedirme de la infancia... comencé a mirar a mi padre y sus compañeros, a la fábrica... y a mi guitarra con otros ojos. Pero, sobre todas las cosas comencé a escuchar la música con otros oídos...

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  6. Gracias por la dedicatoria, Fernando, una vez más gracias. Pero además por tus ocurrencias, ese congreso y esa invitación a tantos compañeros queridos. Te juro que veo ahí a Pedro, Andrés y Javier al lado de los hermanos mayores pero ¡tan jóvenes en esa foto!... y me siento tan a su lado, aunque quién sabe dónde carajo estaría yo ese día?, ¿en qué aula?... que no siento ni esa prima lejana de la envidia que en Canarias llaman tan lindamente "desconsuelo"... Ni desconsuelo siento, de verdad, sino una alegría inmensa, por saber que esas cosas se hicieron, saber que alguien imaginó la nueva escuela tan cerca de la nueva canción... ¡Eres la leche!... Después de tantos años y creyendo conocerte uno, vas y vuelves a sorprendernos con tremendos "hor-dago" (ahí está) Gracias, tío, y "sigue así, mi niño".

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  7. Rogelio ya sabes que te admiro y que te quiero... ¡Y nada más!...

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  8. Yo soy también cantautor y maestro, maestro de Música y de Educación Infantil. Y aunque hoy por hoy ejerzo en Educación Infantil, la música en esta temprana edad es fundamental y, en muchas ocasiones, es a través de ella como más cómodo me siento con los niños (porque es mi medio y porque les veo felices cuando canto con ellos a la guitarra o cuando tocan instrumentos de percusión). Además, a través de la propia práctica musical, se transmiten valores.
    En mi blog, http://davidluismh.blogspot.com/ podéis escuchar algunas canciones infantiles (éstas no son de mi autoría, a excepción de la humilde adaptación musical del tema de María Elena Walsh).
    Además, como documento casi confesional -y entre otras cosas- podéis encontrar también la primera canción que escribí y grabé, siendo yo casi un niño: La bomba de Hiroshima.
    Me alegro de encontrarme aquí con todos vosotros, compartiendo pasiones e intentando ser mejores, en Cantemos como quien respira. Un abrazo.

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  9. David, ¡gracias! por entrar y contarnos tu experiencia... Este cuelgue también va dedicado a ti, ¡por supuesto!... Me encanta que el blog sirva para esto... para comunicarnos, para conocernos, para intercambiar experiencias... en fin, para sentirnos juntos CANTANDO COMO QUIEN RESPIRA.

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  10. Fernando: Quiero mandarte por algún sistema, una serie de fotos de tu estancia en Tenerife de época que pasamos en el Colegio Mayor de San Agustín de La Laguna, cuando teníamos 21 ó 22 añitos. Necesito, si tienes interés, algún correo donde mandarte los archivos, pero ante la ausencia de datos, te lo comento de esta manera. Creo que vas a tener constancia de mi correo a través de este mensaje. Saludos, Mauro Díaz Armas

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  11. Mauro. ¡que sorpresón encontrarme contigo después de tantos años!... ¡Me encanta!.. Tenemos que vernos y que decirnos muchas cosas...
    Mi correo: fglucini@gmail.com

    ¿Sabes que pasa? que yo en esto de la informática domino los mínimos y no sé como encontrar tu correo... He entrado en tu facebook pero no me deja decirte nada...

    ¡ESCRÍBEME Y MÁNDAME ESAS FOTOS, SERÁ UN PELOTAZO

    PARA QUIENES NOS LEAN: Mauto y yo estábamos haciendo un campamento que nos obligaban a realizar cuando terminábamos de estudiar magisterio. Creo que lo organizaba el Frente de Juventudes,
    ¿Sí o no, Mauro?

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  12. Aunque este no sea el lugar adecuado para este tipo de comentarios, lo aprovechamos.
    Fernando, me alegro un montón de reencontrarte después de cierto tiempo. Te mandaré a este correo la mayoría de los que convivimos en aquel campamento de gofio y zanahorias.
    Cierto lo de quienes organizaban. Pero más de un disgustillo se llevaron por la incipiente rebeldía de algunos.
    Te cuento, ya por correo.
    Un Abrazo muy fuerte.

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  13. La música, siendo maestro, es una forma de enseñar como otras muchas. Es una manera de transmitir conocimientos, de hacer sentir, de hacer vivir cosas que de otra forma no seria posible.
    Cuando yo canto a mis alumnos y veo sus caras de admiracion y su expresion, siempre sonriente, me reafirmo en lo que creo desde hace mucho, la vida es música!
    Cuando ellos cantan, felices, me contagian su necesidad de comerse el mundo, de querer aprenderlo todo, sus ganas de hacer lo que les gusta hacer.
    Yo, siendo maestra, solo puedo decir que pienso en canciones y que "canto como quien respira".

    Un abrazo Fernando!

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