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miércoles, 5 de enero de 2011

MI PRIMER REGALO DE REYES CON SABOR A LIMÓN

Ayer por la tarde decidí hacerme mi primer regalo de Reyes y me compré el que va a ser mi primer disco del año: "Mujeres de agua", disco producido y dirigido por Javier Limón en el que participan doce mujeres extraordinarias: Aynur –cantante kurda–, Eleftheria Arvanitaki –griega–, Yasmin Levy –israelí de origen sefardí–, Mariza –portuguesa–, Estrella Morente, La Susi, Carmen Linares, Montse Cortés, Buika, Sandra Carraco, La Shica y Genara Cortés.

Nada más llegar a casa escuché el disco muy relajado –como debería hacerse siempre–, recuperé su origen y su historia, y me di cuenta de que me había hecho un regalo maravilloso: me había regalado la percepción sensorial y el disfrute de uno de los valores que considero más importantes: el valor de la "belleza"; valor que se genera y es generador de la libertad, de la solidaridad, de la ternura, de la justicia y, en fin, de todos los valores en los que creo.

En este caso, la percepción y el disfrute de la "belleza" me han llegado por tres senderos que se complementan:

El primero de esos senderos ha sido la belleza musical, poética e interpretativa de todas y de cada una de las canciones de "Mujeres de Agua"; la mayoría de ellas compuestas –música y letra– por Javier Limón con la mirada y los sentimientos puestos en el Mediterraneo.

Bella la sonoridad flamenca y jonda del clarinete turco de Hüsnü Senlendirici y el "grito desgarrao" de Aynur.
Bella la voz madura y ya sabia, de tanto cantar, de La Susi, "bailando el agua".
Bella Manuela –la más hermosa de la plazuela– en la copla de Estrella Morente, que lleva el cante en la sangre porque su padre, no se sabe como, supo amamantárselo
Bella la melancólica y enternecedora voz de Mariza cantando un fado de Alberto Janes que remueve la sangre.
Bella Carmen Linares –maestra del cante– mirando a la media luna tunecina y esperando el regreso de lo más amado.


Bella la sensualidad seductora de Buika en la penumbra divina y prieta de los recuerdos
• Bella Montse Cortés con su "beso libanés" que acaricia y remueve la sensibilidad hasta las entrañas.
Bella la copla de "la calle del Olivar" en la que Sandra Carrasco, de la mano y el abrazo de Javier Limón, nos trae el entrañable recuerdo de Enrique Morente.
Bella el "agua de una fuente misteriosa" de la que La Shica nos incita a beber.
Bella Yasmín Levi, dándole sangre y latido a una canción tradicional ladina.
Bella, bellísima, el alma griega que trasnpira el cantar de Eleftheria Arvanitaki.
Y bella la contundente voz de Genera Cortés que te atrapa y te transporta, casi sin quererlo, hacia un lugar casi vacío, que ella conoce, donde solo quedan dos corazones: "tu corazón y el mío".

El segundo sendero hacia la belleza que me ha abierto el disco "Mujeres de agua" ha sido el de la interculturalidad, o sea, el del hermaniento y el abrazo de las culturas, en este caso, mediterráneas. 

Una vez más me queda claro, y es evidente, que la música hermana, rompe fronteras, nos hace sentirnos amantes universales, cultiva y engendra la posibilidad de una ternura sin límites...; y todo esto es radicalmente bello.

(Por otra parte, y en otro tono, hay quien dice que "la música amansa a las fieras", a mi, en este momento de mi vida, no me pasa, sino todo lo contrario: la música y discos como "Mujeres de agua" lo que hacen es "despertarme la fiera de la pasión"; esa pasión que el paso de los años, querámoslo o no, se va relajando... ¡Bendita la música porque el despertar de la pasión también es muy bello!)

Fotografía de Tomàs Abella perteneciente a la exposición
también llamada "Mujeres de agua" de Intermón Oxfam.
El tercer sendero de acceso a la belleza que me proporciona este hermoso disco, que vengo comentando, es el de la solidaridad; "Mujeres del agua" es un disco solidario con los millones mujeres en todo el mundo a las que se les priva del derecho a la libertar, tanto, que en algunos países, hasta se les prohibe cantar... y este gesto solidario es muy bello...; la solidaridad cuando se practica a corazón abierto crea belleza de ida y vuelta, es decir, por parte de quien la ofrece y en quien la recibe... ¡Bendita sea la música solidaria!

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