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sábado, 29 de enero de 2011

CENTENARIO DE GABRIEL CELAYA. Previos apasionados a un centenario - II


SE AMABAN MUCHO, 
SE AMABAN APASIONADAMENTE
Amparo Gastón (Amparichu) y Gariel Delaya
Gabriel Celaya –seudónimo de Rafael Múgica Celaya– se casó, en 1938, con Julia Cañedo; tuvo dos hijos y trabajabó de ingeniero industrial y gerente en la empresa familiar "Herederos de Ramón Múgica".

Le apasionaba la escritura, y en sus ratos libres no dejaba de escribir; sus primeros poemas –firmados como Juan Leceta– se publicaron en libros como "Mares de silencio" (1935) y "La soledad cerrada", que como consecuencia de la guerra civil no pudo ser publicado hasta 1947.

Gabriel Celaya en casa de sus padres. San Sebastián
Pero Gabriel Celaya no se sentía feliz... En aquellos años, el poeta vivía inmerso en una gran contradicción: por una parte su vida cotidiana acoplada a las pautas y hábitos del "buen burgués", y, por otra, su pensamiento, su sensibilidad y sus ideales republicanos, revolucionarios y claramente solidarios y antifranquistas.

En 1946, tras recuperarse de una complicada enfermedad, Gabriel conoció a Amparo Gastón, que también era poeta. «El 8 de octubre Celaya acudía a la librería "Relieve" de San Sebastián a entregar ejemplares de su libro. Ante la cristalera de la librería, se encontraba Amparo, con quien el poeta trabó conversación˝ – cuenta Félix Maraña en su artículo "Amparo Gascón, compañera y cómplice de Celaya".

Fue un auténtico flechazo. A partir de aquel día, Gabriel decidió separarse de su primera mujer, abandonó la empresa familiar, y se unió a Amparo: "su salvadora".

«Fue Amparito,
de repente real, de repente prodigio
materialmente fijo,
quien me salvó del caos cuando estaba perdido...
...desde entonces,
nos sentimos tan seguros, tan unidos,
Amparito
y este viejo burgués arrepentido».
(A Amparitxu. "Cantos Iberos" 1975)

Gabriel y Amparo se amaron apasionadamente –yo fui testigo de ello–. Un amor que Gabriel nunca dudó de verbalizar en muchos de sus poemas.

«Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que –¡basta– te beso!

¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate, todo existe porque existes
y si irradias, no voy vacío, ni razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez gracias a ti, vuelvo a sentirme niño».
(Dedicatoria final. "Función de uno, equis, ene" 1973)

Permitidme que os cuente una entrañable anécdota relacionada con el gran amor que unía a Gabriel y a Amparitxu.

Gabriel, a veces, cuando nos juntábamos a comer, o a cenar, contaba que uno de los mejores recuerdos que tenía de Julia, su primera mujer, era lo bien que hacía la "mus de chocolate"; recuerdo frente al que Amparo reaccionaba "celosilla" –a pesar de que llevaban más de 35 años juntos– diciendo: "Por eso yo jamás se la he hecho, seguro que me saldría mejor que a ella, pero no me da la gana". Entonces Gabriel sonreía, nos miraba con la claridad y la limpieza de sus ojos azules, y decía: "Es verdad, jamás me ha hecho, ni me ha dejado tomar, la "mus de chocolate"; ¡qué le vamos a hacer!, ¡y mira que me gusta!».

Una de las noches que vinieron a cenar a mi casa, a Tonona –mi compañera– se le ocurrió preparar de postre "mus de chocolate"; pensamos que aquello que nos contaban era una exageración y que si a Gabriel le gustaba le podríamos dar una sorpresa.

La cena como, siempre fue maravillosa –eran una pareja entrañable y escucharles era una gozada–; pero llegó la hora de los postres; Tonona se fue a la cocina y apareció en el comedor con una bandeja con cuatro copas de "mus de chocolate"... Amparo, al ver aquellas copas se puso furiosa, se levantó y se fue a otra habitación diciéndonos: "¡Está bien! comeros la mus y cuando la terminéis me avisáis"... Pero no, no nos la comimos, Gabriel se levantó, se fue detrás de Amparo, le dio un beso y le dijo: "Tonta, si no me la voy a comer"... y regresaron al comedor. Cuando regresaron la mus ya estaba en la cocina...

Parecerá una tontería. pero aquello me emocionó, me pareció muy hermoso y se me quedó grabado... Se quisieron apasionadamente hasta el último día...; la edad y el paso de los años no pudieron contra aquel gran amor, que como todos los grandes amores, no se puede concebir sin un poquito de celos.

5 comentarios:

  1. Lucini....¡qué hermosa historia de amor!
    Que suerte la tuya ser testigo de ello, que bonito como describes..."nos miraba con la claridad y la limpieza de esos ojos azules",..qué...Precioso, Lucini,sigue contando que yo seguiré leyendo...
    Un abrazo

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  2. LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO
    Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
    mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
    fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
    como un pulso que golpea las tinieblas,

    cuando se miran de frente
    los vertiginosos ojos claros de la muerte,
    se dicen las verdades:
    las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

    Se dicen los poemas
    que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
    piden ser, piden ritmo,
    piden ley para aquello que sienten excesivo.

    Con la velocidad del instinto,
    con el rayo del prodigio,
    como mágica evidencia, lo real se nos convierte
    en lo idéntico a sí mismo.

    Poesía para el pobre, poesía necesaria
    como el pan de cada día,
    como el aire que exigimos trece veces por minuto,
    para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

    Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
    decir que somos quien somos,
    nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
    Estamos tocando el fondo.

    Maldigo la poesía concebida como un lujo
    cultural por los neutrales
    que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
    Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

    Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
    y canto respirando.
    Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
    personales, me ensancho.

    Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
    y calculo por eso con técnica qué puedo.
    Me siento un ingeniero del verso y un obrero
    que trabaja con otros a España en sus aceros.

    Tal es mi poesía: poesía-herramienta
    a la vez que latido de lo unánime y ciego.
    Tal es, arma cargada de futuro expansivo
    con que te apunto al pecho.

    No es una poesía gota a gota pensada.
    No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
    Es algo como el aire que todos respiramos
    y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

    Son palabras que todos repetimos sintiendo
    como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
    Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
    Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

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  3. Lucini, y esta para ti...y paro:

    Educar es lo mismo
    que poner motor a una barca...
    hay que medir, pesar, equilibrar...
    ...y poner todo en marcha.

    Para eso,
    uno tiene que llevar en el alma
    un poco de marino...
    un poco de pirata...
    un poco de poeta...
    y un kilo y medio de paciencia
    concentrada.

    Pero es consolador soñar
    mientras uno trabaja,
    que ese barco, ese niño
    irá muy lejos por el agua.
    Soñar que ese navío
    llevará nuestra carga de palabras
    hacia los puertos distantes,
    hacia islas lejanas.

    Soñar que cuando un día
    esté durmiendo nuestra propia barca,
    en barcos nuevos seguirá
    nuestra bandera
    enarbolada.

    Gabriel Celaya.

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  4. Natti... Tienes toda la razón. Dice Serrat que a veces la vida, cuando menos lo esperamos, nos da un beso en la boca... ¡y es verdad!... Compartir mis horas, mis sueños, mis dudas, mis fracasos, con seres humanos como Gabriel y Amparo fue uno de los besos mas apasionados que me dio la vida.

    Ellos me ayudaron a vivir, a esperar, a realimentar mis sueños y mis utopias... a ser como soy...

    Y aquellos ojos... ¡no te puedes hacer ni idea!... Había tardes, en su casa, en que me perdía mirándoselos... De vez en cuando se le llenaban de lágrimas y aquella belleza húmeda me inundaba de ternura, le acariciaba la mano –con el permiso de Amparo– y no decíamos nada.

    Ahora mismo es a mí a quien se le llenan los ojos de lágrimas... ¡le quisimos tanto!

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  5. ¡ y ellos a ti, seguro!!!
    Lucini... un beso...

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