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lunes, 1 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 11.



Si como decía Don Miguel de Unamuno, y yo siempre lo he creído, «el pueblo necesita que le canten, que le rían y que le lloren mucho más que el que le enseñen», evidentemente uno de los primeros retos que se me plantearon como maestro, una vez que al fin, terminada la mili, pude iniciar con tranquilidad el curso 1974 - 1975 en Aula Nueva, fue incorporar la "canción de autor" en mis clases, o sea, integrarla, siempre que fuera posible y sin forzarlo, en los procesos de enseñanza y aprendizaje que cotidianamente programaba.

Fue entonces cuando, trabajando con alumnos de 10 años, quinto de E.G.B., empecé a buscar y a seleccionar canciones que fui incorporando en mis clases de Lengua y Literatura, en Ciencias Sociales –entonces se le llamaba Conocimiento del Medio–, en Educación Artística y por supuesto en las clases de Religión y de Ética, que en algún momento, años después, se reforzaron con el área de Educación del Comportamiento Afectivo-Social, y, más recientemente, con la polémica, y para mí imprescindible, Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.

En aquel mismo curso escolar, y con planteamientos extraescolares, empecé también a trabajar con alumnos de secundaria la técnica del disco-forum; la creación de montajes audiovisuales, con diapositivas, a partir de los sentimientos suscitados y de las situaciones planteadas en determinadas canciones; y un seminario permanente sobre "canción de autor" centrado en la audición, análisis y disfrute de la obra de determinados cantautores (algunos totalmente desconocidos para quienes participaban en el seminario); y en el conocimiento y la interiorización de los planteamientos descritos o reflejados, a través de la "canción de autor", sobre experiencias o temas monográficos como la libertad, la solidaridad, el amor, la esperanza, la paz, el racismo, la pobreza, la emigración o la soledad.


Hoy en día, pasados más de cuarenta años, me resulta profundamente gratificante recibir, a través de las redes sociales, mensajes o correos de antiguos alumnos de los años setenta que todavía recuerdan aquellas clases y, que me aseguran, lo cuál me resulta muy emocionante, que fue en aquellos momentos, y a partir de entonces, cuando empezaron a descubrir este género al que llamamos "canción de autor" hacia el que, de alguna forma, continuaban sintiéndose interesados.

He de decir que en realidad, todas aquellas iniciativa pedagógicas no me fueron difíciles de emprender gracias a que, ya a mediados de los setenta, mi discoteca personal crecía por días con discos que me compraba siempre que podía, o que me empezaron a mandar algunas casas discográficas que tomaron la decisión empresarial de apoyar la "canción de autor", y que se sintieron interesadas por mi trabajo. (Hay que tener en cuenta que en aquel momento este tipo de canción tenía un mercado amplio que comercialmente resultaba rentable.)

Entre aquellas empresas discográficas estaban, por ejemplo, Edigsa, que continuaba editando prioritariamente a los grandes autores catalanes, y que creó los sellos Herri-Gogoa, para ediciones en euskera, y Xistral, para autores gallegos. (Jamás olvidaré a Cucha Salazar que, en aquel momento era la representante y el alma de Edigsa en Madrid, y que años más tarde creó, junto a Mario Pacheco, la magnífica discográfica Nuevos Medios).

Destacar especialmente también ¡como no! el trabajo discográfico que desarrollaron a mediados de los setenta dos empresas que fueron claves para la promoción y el desarrollo de la "canción de autor" en nuestro país: Movieplay y Ariola. Movieplay  con la creación del sello GONG, dirigido y producido por Gonzalo García Pelayo con las colaboraciones de Antonio Gómez y Julio Palacios; y Ariola con el sello PAUTA dirigido por Charo García (¡cuántos preciosos ratos compartidos!) con el asesoramiento de José Manuel Caballero Bonald. (En este momento, mirando hacia atrás y hacia adelante, tengo que citar también el trabajo y la sensibilidad de grandes hombres relacionados con el universo discográfico de la "canción de autor" como Alain Milhaud, Manolo Díaz o Manolo Domínguez.)


Entre los discos, atesorados en mi discoteca, que solía utilizar en las clases y en las actividades pedagógicas a lo largo de los años 1974 y 1975 estaban, por ejemplo, los siguientes: Cantar i callar y Tiempo de espera, de Labordeta. Silencio y 4444 veces por ejemplo, de Adolfo Celdrán. A pesar de todo y De paso, de Hilario Camacho. Los primeros LP's de Cecilia. A cántaros y En el Olympia, de Pablo Guerrero. 24 canciones breves, Rito y Espuma, de Aute. Cada vez más cerca, Apocalipsis y La casa de San Jamás, del grupo Aguaviva. Dame la mano, Todos tenemos un precio y Cómicos de Víctor Manuel. Con viento fresco, de Julia León. Nuestra Andalucía y Andalucía vive, de Jarcha. De alguna manera y Al alba, de Rosa León. Retratos, Once canciones entre paréntesis, Palabra por palabra o Como el viento del norte, de Patxi Andión. De oca en oca y canto porque me toca y En casa de la Maruja, de Ricardo Cantalapiedra. Heliotropo y el primer álbum de Vainica Doble. Desde Santurce a Bilbao blues band y Las madres del cordero, de Moncho Alpuente. Todo está muy negro (disco colectivo) y Fidelidad, de Luis Pastor. Tierra y Calle del Oso, de Ana Belén. Cantes del pueblo para el pueblo y Cantes andaluces de ahora, de Manuel Gerena. Homenaje flamenco a Miguel Hernández, de Enrique Morente. Desde Para piel de manzana a Ara que tinc vint anys, pasando por Miguel Hernández y Dedicado a Antonio Machado de Serrat. Ara i aquí, Com un arbre nu, A l'Olympia, I si canto trist y Viatje a Itaca, de Lluís Llach. De A l'Olympia a Qu`volem aquista gent, de Maria del Mar Bonet. De Campus de Bellaterra a Disc antològic de les seves cançons, de Raimon. Tot l'enyor de demà y Onze cançons amb esperança, de Xavier Ribalta. És tard, de Joan Isacc. Cançó de carrer, de Ramón Muntaner. De Salvat-Papasseit a Un entre tanta, de Ovidi Montllor. De A l'Olympia a Triat i garbellat, de Pi de la Serra. De Visca l'amor a Guillermotta en el país de las Guillerminas, de Guillermina Motta. Ahi ven o maio, de Luis Emilio Batallán. …Eta maita herria, üken dezadan plazera, Oro laño mee batek… y el primer LP de Benito Lertxundi. Bat-Hiru y Bertolt Brecht, de Mikel Laboa. Los primeros LP's de Xabier Lete y Lourdes Iriondo. Canto la poesía de mis compañeros, de Soledad Bravo. Fulgor y muerte de Joaquín Murieta y Caraballo mató a un gallo, de Manuel Picón y Olga Manzano. Aquí donde nos ven y Canciones de amor armado, de Claudina y Alberto Gambino. De Poemas y canciones a A mis amigos, de Alberto Cortez. Y los primeros discos que nos llegaron de Horacio Guarany, Facundo Cabral, Mereces Sosa, Víctor Jara, Atahualpa, Violeta Parra, Daniel Viglietti, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés.

A todos aquellos discos se unían también los grabados fuera de España, o en el exilio.

Hondarribia.

los años setenta Tonona y yo, con los hijos, solíamos pasar todo el verano en Hondarribia (entonces le llamábamos Fuenterrabía), y aprovechando que teníamos muy cerca la frontera con Francia solíamos pasar a Hendaya, por Irún, para comprar aquellos discos que en nuestro país estaban totalmente prohibidos. A veces incluso nos desplazábamos hasta Biarritz para conseguirlos. Encontrarlos y comprarlos era fácil, lo peor era luego colarlos por la frontera. Al final, acudiendo a todo tipo de triquiñuelas (como cambiarles sus fundas por otras de Sara Montiel o de Julio Iglesias; o esconderlos furtivamente debajo de las alfombrillas de los coches) siempre conseguíamos pasarlos.

Entre aquellos discos del exilio logré incorporar a mi discoteca, entre otros, la serie España de hoy y siempre. Los unos por los otros, de Paco Ibáñez; Canciones de la resistencia española, de Chicho Sánchez Ferlosio; Vida e morte, de Amancio Prada; Quejido, de Elisa Serna; Canciones de España y de América Latina, de Carmela; Canciones del pueblo. Canciones de Rey y Aprés le silence, de Ismael; La guerra civil española y Miguel Hernández, de Paco Curto; Orain borronean y Herriak ez du barkatuko, de Imanol; Chansons de Lorca, de Mara; Manifiesto y Volver, no es volver atrás, de Pedro Faura (seudónimo de Bernardo Fuster); Guanyarem, Ganaremos, de Joan & José; El hombre nuevo cantando, de Pedro Ávila; y los discos colectivos Galicia canta (LP grabado en Venezuela en 1970 con la participación de Benedicto, Xavier González del Valle, Xerardo Moscoso, Miro Casabella, Guillermo Rojo, Xoán Rubia, y Xulio Formoso), Contra la muerte. Espagne en marche (grabado en París, en 1974, por Elisa Serna, Imanol y Michel Arbatz), y Cerca de mañana (LP editado Francia en 1972 el que participaron Benedicto, Imanol Larzabal, Pablo Guerrero, Adolfo Celdrán, Julia León, Elisa Serna, Lluís Llach, Bibiano, Suso Vaamonde, Xavier Ribalta, Luis Mendo y Emilio Martínez.)

Gracias a la celebración del seminario permanente sobre "canción de autor", al que antes hacía referencia, y a través de uno de sus participantes, tuve la oportunidad de entrar en contacto con Demetrio González, director del ICCE (Instituto Calasanz de Ciencias de la Educación) que estaba situado en la calle Eraso 3 de Madrid; centro que tenía, entre una de sus prioridades, la realización de cursos y actividades enfocadas a la formación del profesorado. 

Tras varias conversaciones con Demetrio y su equipo, acordamos poner en marcha mi colaboración con el objetivo de incorporar la música y la "canción de autor" en sus programas formativos.

A partir de aquel día empecé a colaborar en las revistas del ICCE, presentando y comentando determinados discos, e iniciamos un curso sobre el tema de "La música y la canción de autor en el aula" dirigido a profesoras y profesores de Secundario y Bachillerato.


De aquel primer curso, que fue realmente muy interesante, tengo un recuerdo que seguidamente voy a compartir porque creo que es muy significativo de lo que suponía la represión y la censura en aquel momento. Momento especialmente crítico (mayo de 1975) porque ya empezaban a circular noticias e informaciones de que Franco estaba muy enfermo y en estado muy grave.

Una tarde planteamos en el curso el tema de la "libertad" y su presencia en la "canción de autor". Hacía mucho calor, y teníamos las ventanas del aula abiertas de par en par. Estábamos escuchando, concretamente, el Canto a la libertad, de José Antonio Labordeta, cuando, de repente, entró en el aula el recepcionista del Centro con dos policías. Por lo vistos dichos policías estaban haciendo "la calle" por Eraso, escucharon que salía por nuestra ventana un canto –ellos nos dijeron "un grito"– a la "libertad", y decidieron que aquello era inadecuado y no estaba permitido. Por mucho que intenté explicarles quiénes éramos y lo que estábamos haciendo, no me hicieron ni caso. Nos mandaron desalojar el aula y, sin más ni más, me confiscaron todos los discos que ese día había llevado al curso. Nunca más volví a recuperarlos. Después intentaron que el curso se suspendiera y no lo consiguieron; al día siguiente lo continuamos celebrándolo en otra aula y ¡eso sí! con las ventanas cerradas.

Pocos meses después, el 20 de noviembre, murió Franco. Aquel día fuimos muchos los que nos creímos que por fin había llegado el momento de lo que, tan apasionadamente, nos anunciaba Labordeta: «Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad.»

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