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lunes, 4 de diciembre de 2017

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". PRIMER CAPÍTULO.

Siempre he pensado que "uno escribe para que le lean", al menos este es mi caso. Pues bien, con este pensamiento, y teniendo muy presentes a los amigos y amigas que viven fuera de España a los que les resulta difícil hacerse con mi último libro –"Mi vida entre canciones"– y poder leerlo, he decidido irlo publicando, capítulo a capítulo, –con imágenes incluidas– aquí donde "Cantamos como quien respira". ¡Ningún sitio mejor que este para hacerlo!

Cada dos días iré colgando un capítulo hasta completar los 34 de que se compone el libro... Y para empezar aquí tenemos el primero:



Nací en Girona el 11 de febrero de 1946 y fui bautizado, siete días después, en la mismísima catedral de la ciudad; hechos que acontecieron de forma totalmente accidental pero de los que me siento muy orgulloso. 

Me encanta cada vez que releo la octava página del Libro de Familia de mis padres, en la que, con una perfecta caligrafía a tinta y plumilla de la época, queda demostrada mi «nacencia» catalana, según consta en el tomo 89, página 377, del Registro Civil; o cada vez que contemplo mi partida de bautismo firmada por «el infrascrito», cura coadjutor de la parroquia de la Catedral del Obispado de Gerona (en aquel momento esa «e» en el nombre de mi ciudad natal era radicalmente intocable).

Decía antes que mi nacimiento en Cataluña fue totalmente accidental porque en aquel momento mi padre, que era funcionario del Cuerpo de Prisiones, estaba destinado provisionalmente a la cárcel de Girona; pero, al año y medio de que yo viniera al mundo, le trasladaron a Jaén, provincia sureña en la que habían nacido no solo él, sino también mi madre, mi hermano mayor y gran parte de mi familia.

De aquel primer año y medio de mi vida en Cataluña no conservo más que un recuerdo visual y auditivo (¡único y sorprendente porque a mí mismo me parece imposible!). Vivíamos en una casa de pisos de la que solamente atesoro la evocación de una ventana que daba a un patio de vecinos; patio del que solo conservo la imagen, muy borrosa, de otra ventana que estaba enfrente, pero más abajo que la nuestra. 

Mi madre, de vez en cuando, me cogía en brazos, se asomaba conmigo a aquella ventana y, con bastante frecuencia, en la de enfrente aparecía el rostro de una señora, de la que físicamente no recuerdo nada, que siempre me decía en catalán: «Vols venir, maco?» («¿Quieres venir guapo?»). Y nada más. No recuerdo más que aquella borrosa señora asomada a la ventana y aquellas tres palabras. Evocación que siempre ha permanecido en mi memoria.

"Caminante no hay camino..."
Con mi hermano Jose en Girona y empezando a caminar.

Aquel único recuerdo hace tiempo que lo relaciono con la seducción que siempre me ha provocado la nova cançó, hoy por hoy convertida en parte muy importante de mi universo sonoro. He de reconocer que a ella le debo algunos de los rasgos de mi identidad que más estimo. Tanto es así que he llegado a la clara constatación de que verdaderamente existen los «genes ambientales». En este caso, los genes que, como aquel «Vols venir, maco?» tierno, anónimo y siempre recordado, me hacen sentirme vitalmente vinculado al pueblo catalán, a Cataluña y, en concreto, a la cançó y a la literatura catalana.

Por ejemplo, empecé a sentir por primera vez los latidos más atractivos y sugerentes de la «libertad» y la posibilidad de hacerla mía y alcanzarla el día que, con diecisiete años, descubrí y escuché en Jaén la canción «Al vent» en un single de vinilo publicado por Raimon en 1963 que me regaló un «cura rojo» de vocación tardía (más adelante volveremos a recordarlo).

Llegué al definitivo convencimiento de que Sueño, luego existo (título de uno de mis libros escrito en 1996 que, precisamente, nació y empecé a escribir en Barcelona) porque, desde 1979, llevo incrustadas en mis creencias y en mi sensibilidad la voz, los versos y la fuerza expresiva de Lluís Llach reivindicando su derecho a soñar; derecho que comparto apasionadamente.

«Somniem.
Sí inevitablement, el somni d'avui com possibilitat del demà [...]
Per això, que ningú no s'avergonyeixi de dir, 
que ningú no s'avergonyeixi de cridar:
somniem, si, constantment, somniem sense límits en els somnis,
somniem fins l'inimaginable.
Somniem sempre,
i ho esperem tot, hem après l'art d'esperar, aquest art d'esperar
en nits interminables d'impotència; sabem esperar i ho esperem tot, tot…»
(«Somniem». Lluís Llach.)

En los momentos en que se me debilita suelo realimentar mi esperanza leyendo el poema «El pi de Formentor» de Miquel Costa i Llonera, o escuchando la canción que sobre ese poema compuso e interpretó Maria del Mar Bonet junto con Lautaro Rosas en 1981. No sé cuántos cientos de veces he escuchado esa canción.

«Lluitar constant i vèncer, reinar sobre l'altura
i alimentar-se i viure de cel i de llum pura...
oh vida! oh noble sort!
Amunt, ànima forta! Traspassa la boirada
i arrela dins l'altura com l'arbre els penyals.»
(«El pi de Formentor».
Miquel Costa i Llobera - Maria del Mar Bonet / Lautaro Rosas.)

En fin, podría dar muchos más detalles de cuánto me han influido vitalmente mis primeros «genes ambientales» de identidad catalana; ya lo iré haciendo; tiempo y páginas me aguardan para seguir rescatándolos y reivindicándolos.

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