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sábado, 25 de octubre de 2014

«DESDE MI ATALAYA». UN BUEN RATO DE "CANCIÓN DE AUTOR" EN ESTADO PURO Y UNA REFLEXIÓN: «LOS/LAS MULTIFANS Y SUS RIESGOS»


Hoy domingo estoy pasando gran parte del día en "MI ATALAYA"; ¡me lo pedía el cuerpo!... Hay un montón de discos que tengo ganas de escuchar aquí arriba sin que nadie me moleste, y algunos temas sobre las que escribir tranquilo y con cierta calma... "Mi Atalaya" es el mejor lugar que he descubierto para poder hacer ambas cosas.

Nada más subir a la parte más alta, y con mejor visibilidad, de "Mi Atalaya" –en donde casi ni llegan los ruidos del entorno– lo primero que he hecho es "empaparme" de música y de "canción de autor" en estado puro. He escuchado tres discos muy diferentes, pero que los tres además de ser muy hermosos, son esperanzadores porque, en los tiempos que corren –de bastante confusión "cantautoril"– reivindican y le devuelven a la "canción de autor" su más "profunda y más auténtica identidad".

Esos discos han sido "La llamada" de Ismael Serrano  –que ha superado todas las expectativas de venta, demostrando que calidad, coherencia, compromiso y popularidad no son temas antagónicos, sino que pueden y deben convivir con éxito y naturalidad–; "Antes que lo prohiban" del trovador cubano Kamankola –que esta mañana nos acompañaba en el "buen día"–: y una auténtica joya a la que estoy totalmente "enganchao" y de la que ya hablaremos dentro de unos días: "De un tiempo a esta parte", último disco de Javier Bergia y de Begoña Olavide que es sencillamente extraordinario, ¡muy bello! –y la palabra "belleza" ase redimensiona–.


Pues bien después de la escucha serena de estos tres discos y "empapao" de lo que yo considero "canción de autor" de "CALIDAD" me apetece verbalizar y compartir, a través de la escritura, un hecho y una reflexión que me han surgido en estos últimos días.

Me vais a permitir, que seguidamente –en lo que voy a escribir– no de nombres propios, no lo voy a hacer por respeto a las personas que podrían aparecer en el relato; ya sabéis que siempre reivindico mi condición de comentarista o cronista –y no de crítico, que no lo soy–.  (Rechazo totalmente a esos críticos a los que tanto se les nota como se crecen y disfrutan manifestando dureza y agresión al creador... ¡Menos mal que en lo referente al arte como sensibilidad, emoción y sentimiento nadie, o casi nadie, les hacemos mucho caso. Nos emociona lo que nos emociona y de ahí no hay quien nos mueva).

Os cuento: Hace unos días un joven "cantautor" bastante conocido me mandó un mensaje en el que se manifestaba muy molesto conmigo por "algo" que "alguien" le había contado sobre "algo" que yo había dicho, hace unos meses, en Granada, hablando de él y de otros cantautores. Por supuesto le contesté aclarándole el tema inmediatamente porque la información que le habían dado no era la correcta. (Por cierto, todavía no he recibido su respuesta).

Como no es la primera vez que me "cotillean" sobre ese "algo que dicen que yo digo" sobre algunos jóvenes cantautores, voy a aclararlo desde aquí –desde "Mi Atalaya"– para que quede claro de una vez y, por supuesto, para reafirmarme públicamente en lo que pienso y en lo que digo.


LA COSA VA DE "MULTIFANS" Y DE SUS RIESGOS.

Pués sí, hace un tiempo, con motivo de la inauguración de la exposición "...Y la palabra se hace música" en la Universidad Granada, di una conferencia en la Facultad de Filosofía; conferencia, por cierto, con poca audiencia: unos cuantos profesores y profesoras –recuerdo que estaba mi amigo Antonio Fernández Ferrer– y dos cantautores. (Uno de ellos debió ser el transmisor consciente, o inconsciente, de la desinformación a la que antes hacía referencia).

En el contexto de aquella conferencia, dedicada a la "canción de autor", dije –y me reafirmo en ello– que cuando un joven cantautor –o cantautora– que está empezando a encontrar su identidad, alcanza un cierto éxito –con frecuencia no se sabe muy bien por qué, puesto que otros incluso con más calidad no lo consiguen–, suelen surgirle un montón de fans –lo que llamo "multifans"– que pueden ser muy gratificantes por lo que aparentan, pero sobre los/las que conviene pararse a pensar un momento.

En ocasiones –en realidad es frecuente– el surgimiento casi repentino de ese "fenómeno fans" no responde a la calidad musical, al valor poÉtico o al compromiso social de las canciones que crea e interpreta el "cantautor" al que siguen; sino que más bien responde a su capacidad persuasiva, al misterio de su identidad como artista, o a sus encantos personales. Se trata de una reacción, a veces incomprensible que siempre ha existido y que siempre ha  provocado tres posibles situaciones, dos de ellas de riesgo.

Empezaré por la situación positiva, que a mi me parece la más coherente. Se produce cuando el creador no bajar la calidad, ni desvirtúa el contenido de las canciones, e incluso se afianza en ellas con claridad y evidencia para que se conozca su identidad, a riesgo de que sus "multifans" cargadas de superficialidad se desencanten y le abandonen.

La segunda situación, para mi ya es culturalmente de "riesgo", se produce cuando el "cantautor", consciente, o inconscientemente,  decide adaptar o acomodar sus creaciones, sus discos y sus conciertos, a los gustos y a las demandas que sus "multifans" le están reclamando. Me parece muy bien que esto se produzca –cada uno es libre de hacer lo que quiera– pero desde mi perspectiva se trata de una reacción lamentable, típica de lo que siempre se ha dado en llamar "canción consumo".

La tercera situación –de la que he sido testigo directo varias veces a lo largo de la historia de la canción de autor– es la que se produce cuando el creador en un momento dado se hace consciente de esa gran contradicción entre lo que él desea comunicar y lo que en realidad le están reclamando los/las "multifans" que acuden a sus conciertos. Situación que de repente les resulta insostenible, de la que no sabe cómo salir. y que puede terminar desencadenando un estado depresivo, con reacciones como la huida y dejar de cantar, e incluso –en casos muy extremos que los ha habido– en optar por la desaparición del mapa.

Esta fue mi reflexión formulada en la Universidad de Granada con motivo de aquella conferencia, y en ella me mantengo; reflexión con la que en realidad quiero expresar que la coherencia, y la fidelidad a la propia identidad, está por encima de todo en el universo creativo de la "canción de autor"... Y a partir de ahí, que cada uno haga lo que quiera, pero que lo haga descaradamente, si engañarse y sin pretender engañarnos.

5 comentarios:

  1. Amigo, Fernando, muy de acuerdo contigo. Cualquier creador debe ser honesto y su obra reflejar su forma de ver, de pensar, o de sentir. Lo que haga lo debe hacer para él y a su gusto, sin pensar en el público, porque el primer compromiso es con un mismo. Son muchos los atrapados en la insatisfacción porque su obra no evoluciona o no les representa aunque les dé fama o dinero.

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  2. ¿Dónde se puede comprar el disco de Kamankola? S

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  3. Sin duda mantener y defender la identidad de cada uno es siempre lo más importante sin perderse en modas caducas ni mentiras superficiales y huecas . Es necesario quererse y respertarse a uno mismo para poder querer a los demás así que hay que huir siempre de alienaciones y ornamentos de falsa gloria

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  4. Ciertamente, Fernando, apoyo tus palabras y el racionamiento que expusiste en tu charla-conferencia en la Facultad de Letras de la UGR en mayo de 2013. Fui testigo de aquella alusión que hiciste -cargado de razón- a ese riesgo, consciente o inconsciente, de algunos cantautores a acomodar sus creaciones a los gustos de los fans y producir 'canciones de consumo'. No sé qué información recibió -ni quién se la transmitió- ese 'joven cantautor molesto o enfadado' ya que no se aludió, en ningún momento, a nadie en particular. Triste panorama el que ofrecen este tipo de -llamémosles- "cantautores con minúscula". Abrazo fuerte, AMIGO. ¡¡Siempre p´alante!!

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