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jueves, 26 de junio de 2014

DAVID TORRICO, «LA PRIMERA PIEDRA», Y UNA HERMOSA CELEBRACIÓN DE LA SENSILIBILIDAD. (CON "INTROITO" INCLUÍDO).

Hoy deseo iniciar este nuevo "cuelgue" pidiendo disculpas porque soy totalmente consciente de que en mis reflexiones personales sobre la "canción de autor", y sus creadores, hay una serie de observaciones –se las podría llama "principios"– que repito una y otra vez, machaconamente, con el riesgo de ser "pesao" y reiterativo. En realidad no me importa serlo, porque con ello lo que hago, o lo que pretendo conseguir, es apoyar y defender un "género musical" en el que creo radicalmente, y hacia el que siento tanto respeto que por nada quisiera que llegara a desgradarse.

El primero de esos "principios", refiriéndome al creador –o sea al "cantautor o cantautora"– es reafirmar que los "nutrientes" esenciales e imprescindibles de la auténtica "canción de autor" son, por una parte, la profunda realidad interior del que la crea –sus propios sentimientos, vivencias y latidos transformados en palabra y música–; y, por otra. la realidad concreta y compartida en la que vive el creador; con sus luces y con sus sombras; con sus motivos para el desgarro y para la alegría; con sus grandezas y mediocridades. A fin de cuentas sentimientos, vivencias y latidos sociales, a veces gozosos; y a veces, también, críticos y teñidos de dolor y de desesperanza. 

En segundo lugar, y estrechamente vinculado con lo anterior, considero que es necesario relativizar el valor de la "inspiración" como algo que aterriza de repente sin venir a cuento y cuando menos se espera. No creo en ese tipo de "inspiración mágica". La inspiración surge de los "nutrientes" que antes citaba y es inútil sin el contacto real y cotidiano con la realidad interior y con la vivida "con los otros". La inspiración, si es que la hay, desfallecería y seria inútil sin valores tan esenciales como la reflexión, el trabajo, la perseverancia, la búsqueda, el conocimiento y, sobre todo, la honestidad en el decir y en el cantar.

Y en tercer lugar imposible dejar de lado el principio de la humildad. No voy a insistir demasiado en ello –ya lo hago permanentemente–. Está claro, y no tengo la menor duda de que lo que engrandece a cualquier creador, lo que le hacer ser capaz de transmitir emociones, lo que le da credibilidad a su palabra y a su música, es su HUMILDAD personal; su capacidad de "darse" a la gente –al público– con sencillez, huyendo de la prepotencia, del ombliguismo y, a fin de cuentas, del desprecio y el distanciamiento que siempre provocan los "yoismo" insostenibles e injustificados.

¿Y a cuento de qué viene toda esta larga introducción? Pues sencillamente a que hoy voy a hablar de un cantautor que asume personal y artísticamente los tres principios anteriores. Me refiero a DAVID TORRICO.

David Torrico.

David es un gran músico que lucha y se empeña –como objetivo prioritario– por la calidad y por la autenticidad de sus composiciones y de su buen cantar.

Siempre que le he visto y le he escuchado cantando ha sido en camino –¡creciendo!–...; reflexionando sobre su realidad –¡buscando! y ¡experimentando!–...; y, sobre todo, amando la música y la "canción de autor" y haciéndolas evolucionar, o sea, ¡dignificándolas!.

No caben en la obra de David, y en sus conciertos. concesiones fáciles a la mediocridad o al estancamiento ni de sus textos, ni de su música... ¡Lo suyo es crecer!... ¡Rodearse de complicidades que aman la música como él y crecer juntos!... Y todo ello disfrutando y con una total espontaneidad; sin aspavientos, ni falsas y forzadas escenografías...

En los conciertos de David Torricio la única escenografía posible es la que delata su pasión por la música, su naturalidad y esas complicidades amigas que le acompañan en sus grabaciones y en el escenario: Una gran pianista –como Yuley Diaz–... Un cuarteto de cuerda... Un coro popular como "Las piojas de Eliseo Parra"... Saxos, trombones y trompetas –¡que bueno "Enriquito"!–... Un acordeón –¡grande Cuco Pérez!–... Su banda más cotidiana –David García (batería), Sergio Fernández (bajo), Rubén García (teclado) y Paco Botía (panderos y otras percusiones)... Algún cantautor amigo como Javier Maroto o Fran Rojas... Y ¡claro David Torrico y su guitarra. ¡Espectacular y bien hermoso!

Pues bien, todo ese derroche de buena música y de sensibilidad se produjo –y pudimos disfrutarlo– el pasado día 16 de Junio en la Sala Galileo Galilei con motivo de la presentación del nuevo disco de David: "LA PRIMERA PIEDRA".

Diseño gráfico del disco de Quino Romero.

No me voy enrollar más, creo que ha quedado claro lo que personalmente pienso de este cantautor –también maestro– de Leganés, en Madrid. Lo que voy a hacer, con su permiso, es dejaros una canción; lo que se dice "una muestra" de su nuevo disco; os recomiendo "disfrutarla" y luego haceros con el disco completo e incluirlo en "la mochila de verano". La canción se llama "Primera vez":



«El primer intento, la primera envidia,
Los primeros celos, la primera riña,
El primer acierto, la materia prima,
La primera vez que te vi.

La primera ausencia, el primer vinilo,
La primera piedra, el primer auxilio,
La primera dieta, el primer delirio,
La primera vez que te vi.

El primer pecado, la primera excusa,
El primer portazo, la primera duda,
Los primeros planos, la primera fuga,
La primera vez que te vi.

La primera paga, el primer disgusto,
La primera infamia, ese primer susto,
La primera dama, el primer aplauso,
La primera vez que te vi.

Los primeros cromos, la primera ostia,
El primer agobio, el primer idiota,
El primer escollo, la primera ronda,
La primera vez que te vi».

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