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lunes, 30 de diciembre de 2013

JAVIER MAROTO II - «EL CAMBIO» COMO POSIBILIDAD Y EL AMOR GIRANDO COMO UN HURACÁN.

Ayer hablaba de la enorme calidad con la que se están editando, hoy por hoy, algunos discos creados por nuestros cantautores y cantautoras, y hoy voy a concretarlo presentando y comentando el último, y recién publicado, CD de JAVIER MAROTO titulado "EL CAMBIO".


Para empezar creo que es muy importante resaltar la riqueza musical de todo este disco, en todas y en cada una de sus canciones. Riqueza en las composiciones creadas por Javier –en las que destaca una enorme variedad de melodías y de matices–; y riqueza también en las interpretaciones que de ellas realiza una banda de músicos verdaderamente extraordinaria –hecho que me quedó más que confirmado el día que les vi actuar en directo en la presentación del disco realizada en la Sala Galileo–.

Permitidme pues que para empezar presente a los componentes de esa banda que son como el alma que arropa y fortalece la voz y la palabra cantada de Javier. (Nunca olvidaré, ni deberíamos de olvidar, a esos personajes claves en cualquier disco, o en cualquier concierto, a los que suelo calificar como "músicos de reparto" y hacia los que siento cada vez mayor interés y admiración; músicos, en este caso, espléndidos, y buenos amigos de Javier)

Paco Caballero (batería, percusiones, vibráfono y xilófono), Óscar Fernández Barruz (contrabajo, bajo electrónico y Fretless), Carlos Aguado (guitarra española, acústica y eléctrica), Tomás Gálvez (guitarra eléctrica), Alejandro Martínez (teclados), Manu Clavijo (violín), Pedro Martillo (flauta), Javier Espejo (clarinete), Luis Miguel Congosto (trompeta) y Enrique Blay y David Torrico (coros). Destacar también, por supuesto, a Javi Estrugo y Enrique Blay (técnicos de grabación, mezcla y materización) y la colaboración de Gerardo Carreras; y ¡como no! a los vestidores de belleza y sensibilidad –o sea– el equipo artístico integrado por Fernando Sauce, Iris Encina, Rubén Sánchez, Luis Fuentes y graficasuite@gmail.com.

(Aprovecho para citar también a tres importantes colaboradores que participaron en el concierto de presentación del disco celebrado el pasado 23 de diciembre en la Sala Galileo: Alberto Alonso (piano y teclados), y a los poetas Miguel Ángel Vazquez (que actuó de "pregonero" en la canción de "Los números") y Carlos Ávila que hizo la presentación de Javier Maroto).


Respecto a las once canciones que componen el nuevo disco "El cambio", de Javier Marato lo primero que se me ocurre decir y destacar es la palabra "coherencia"... Javier, mucho más maduro poética y musicalmente –madurez que se la ha "currado" con trabajo y mucho esfuerzo–, sigue siendo radicalmente coherente con su línea de pensamiento y de compromiso manifestado en sus discos anteriores y, muy coherente, en general, con su forma de concebir la "canción de autor"; concepción con la me siento totalmente identificado.

Fiel a esa coherencia, a mí, personalmente, me gustaría destacar, de entrada, dos canciones que me han impactado; me refiero a las tituladas "Vendo" y "Utopía"; canciones que han logrado entusiasmarme por su riqueza de matices literarios –a esto es lo que yo llamo poÉTICA–, y por su clara y directa significación y sensibilidad social y humana. 

En "Vendo", por ejemplo, Javier entra en el universo de lo que se llama el "cosumismo"y el "mercadeo" desarrollando una alternativa a la que desde hace muchos años vengo calificando como la alternativa de los "valores del corazón" frente a los "valores del mercado":


«Vendo una acuarela de mi mismo, fotos ya sin brillo y un zapato que anda para atrás.
Vendo una ventana que no abre y una absurda llave que sólo me sirve pa'cerrar.
Vendo un girasol muy tonto que no busca el sol y un poco de viento aún sin estrenar.
Vendo un corazón que tengo dudas si siente, si siente de verdad.

Compro la torpeza de ser niño: nada en los bolsillos, dulcemente a punto de llorar.
Compro aquellas tardes: muchas pipas, pocas chicas, 
la cerveza, tres amigos de verdad.
Compro el primer beso que un siglo me costó dar  a esa chica que nunca supe más,
cuando mis pies pisaron tus playas desiertas y me quemó tu sal.
Compro todo lo que nunca supe porque tuve miedo de encontrarme rosas en el mar. 
Compro las palabras que en mi boca se escondieron y jamás supieron de la libertad.

Vendo la prudencia que de nada me ha servido, perdurable, persistente, pertinaz. 
Vendo esta canción que a veces es la misma excusa pa'sentarme y ver la vida pasar.
Vendo un bonsái sin hojas, una pata coja, un tratado de la culpa y un misal.
Vendo tres meses de Enero con todo su invierno, todo el frío que no supe estornudar.
Vendo las tijeras con las que corté mis alas que por suerte hoy vuelven a crecer.
Vendo cada lágrima pasada, presente, futuras que vendrán

Compro los dibujos que una noche hice en tu espalda, 
tus caricias que rompieron mi compás. 
Compro tener dudas, sentirte otra vez desnuda y empaparme de tu extraña realidad.
Vendo una docena de acertijos que ya no tienen sentido y que no quiero adivinar. 
Vendo la red que tengo debajo por si pruebo, por si caigo, que no me deja saltar».

En "Utopía" canción interpretada con la colaboración de LUIS FELIPE BARRIO y MATÍAS ÁVALOS –muy pronto disfrutaremos de su próximo disco– el amigo Javier Maroto toca fondo al plantear ¡que no!, que la utopía no está pasada de moda, ni es absurda; que como dice Pablo Guerrero –con el que compartí el concierto de Javier en el Galileo– los sueños son posibles y lo imposible hoy puede echarse a andar.


«Pueden llover peces del cielo como si fuera normal, 
puede bajar del firmamento una estrella fugaz, 
se puede estar de día a oscuras y en la noche ver el sol.
Se puede esculpir desde un bloque de granito la pasión, 
pueden nacer grandes películas casi sin producción, 
plasmar el alma oscura en un verso libre y sin rimar.

Y mucho más, 
se puede hacer de la derrota la causa para luchar, 
se puede cuando se es muy viejo ser aún joven para amar. 
Se pueden juntar manos para levantar canales, puentes, 
carreteras, túneles por el fondo del mar.
Si tengo arco iris, aurora boreal, si tengo aviones y el hombre puede volar, 
¿cómo es que no la alcanzo ni yo ni los demás? 
Falta un asesor de imagen que haga triunfar a la utopía, la utopía, la utopía.
Se pueden coronar las cimas de la China y el Nepal, 
Gandhi empezó una huelga de hambre hasta conseguir la paz, 
también hay templos excavados en cuevas de Aurangabad.

Se pueden tener deficiencias e ir a la Universidad, 
se puede ser atleta sin tener brazos para nadar, 
se puede volver de nuevo a la vida siendo terminal.
Y mucho más... Si tengo arco iris...
Falta un mago en las finanzas que pueda sanear a la utopía, la utopía, la utopía.
¿Cómo es que no la alcanzo ni yo ni los demás? 
¿Qué otro imposible pueda echarse hoy a andar?».

No quiero alargarme mucho más en este "cuelgue", aunque merecería la pena hacerlo por que cada canción merecería un comentario. Me voy a limitar  a nombrarlas: "Piedra y cristal", "El tiempo que se pasa", "Miau" –acompañado de DAVID TORRICO–, "Como un árbol" – con MANU CLAVIJO tocando el violín y cantando–, "El cambio", "Maribel, buena estrella" –canción dedicada a Maribel Verdú e interpretada con ALEJANDRO MARTÍNEZ–, "Cristina" –maravilloso tema con JAVIER BERGIA ¡fabuloso!–, "Como un huracán" y "A" un pasodoble pa'bailar bien "agarraAs", y digo "agarrAs" porque en esta canción no hay mas vocales que la "A", es una de esas maravillosas locuras con las que a Javier Maroto siempre le gusta sorprendernos.

Y ya está... ¡bueno no!... ¡Hay otra sorpresa!... Cuando sacas el disquete de la carpeta del CD te encuentras, de repente, con una frase que parece oculta, pero que tal vez sea la clave en el entramado de este disco:

«SÉ TÚ EL CAMBIO
QUE QUIERAS VER EN EL MUNDO».

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