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lunes, 11 de noviembre de 2013

... Y VIOLETA PARRA VII - «A VIOLETA YA NO LE CABÍAN EN LA CABEZA LOS PÁJAROS AZULES, ASÍ QUE UN MEDIO DÍA –DE EXTRAÑA LUMINOSIDAD– LES ABRIÓ UN TRÁGICO ORIFICIO DE ESCAPADA» (ATAHUALPA YUPANQUI).


Violeta Parra en la Carpa de La Reina, 1965.
Retomamos en este séptimo "cuelgue", dedicado a VIOLETA PARRA, su trayectoria personal y creativa a partir de 1965, año en el que, tras viajar a Ginebra para grabar un documental con la televisión suiza, titulado "Violeta Parra, bordadora chilena", decidió dejar Europa para establecerse, definitivamente en Santiago de Chile.

A su llegada a Santiago, actuó en varias peñas; entre ellas, en la conocida "Peña de los Parra", ubicada en un local, propiedad de sus hijos Ángel e Isabel, situado en una antigua casona. Aquel local, de ambiente puramente criollo, en el que se bebía buen vino, se comían sabrosas empanadas y se escuchaba auténtica música popular, llegó a convertirse en punto de encuentro de todos los jóvenes artistas que en aquel momento participaban del movimiento de la "nueva canción chilena"; entre ellos, Ángel, Isabel, Roberto y Eduardo Parra, Rolando Alarcón, Patricio Mans, Víctor Jara, Osvaldo Rodriguez o Tito Fernández.

Edificio en el que se encontraba la Peña de los Parra.
Calle Carmen 340, Santiago de Chile

Pocos meses después, ya a finales de 1965, con motivo de la celebración de la Feria Internacional de Agricultura (FISA), en Santiago, Violeta montó  una carpa móvil dentro del recinto ferial, en la que puso en marcha su propia peña folclórica.

Acabada la feria, con la idea y la ilusión de crear un "Centro de Arte Popular" en el que se pudiera trabajar de forma integrada la autentica cultura popular chilena en sus diferentes y complementarias manifestaciones –pintura, tapicería, cerámica, música, canto, danza, gastronomía, etc.–, Violeta decidió trasladar su carpa al barrio de la Reina, situado en la periferia de Santiago, decisión que ella misma explicaba con estas palabras: «Yo creo que todo artista debe aspirar a tener como meta el fundirse, el fundir su trabajo en el contacto directo con el público. Estoy muy contenta de haber llegado a un punto de mi trabajo en que ya no quiero ni siquiera hacer tapicería ni pintura, ni poesía, así, suelta. Me conformo con mantener la carpa y trabajar esta vez con elementos vivos, con el público cerquita de mí, al cual yo puedo sentir, tocar, hablar e incorporar a mi alma».

Violeta Parra en La Carpa de la Reina, en 1965,
junto con el grupo boliviano "Los Choclos".

La realización y el mantenimiento de aquella iniciativa –necesaria y apasionante como proyecto– no fueron nada fáciles:

«Una noche estuve con Violeta Parra en su "Carpa de La Reina" –escribía Pastor Aucapán en el semanario "El Siglo" (septiembre de 1966)–, y no acudían espectadores a pesar que la carpa era una variada caja de maravillas. Me contó cuánto le había costado construir todo esto. La Municipalidad le había cedido un terreno. Era un solar abandonado que en invierno se transformaba en un barrizal. entonces ella se dijo: “Aquí levantaré un Centro de Arte Popular. Aquí se escucharán las canciones desconocidas, las que brotan de las mujeres campesinas, las quejas y alegrías de los mineros, las danzas y la poesía de los isleños de Chiloé”. Los planes de Violeta, sin embargo, se estrellaban contra la dura roca de la indiferencia. Pocos eran los que le tendían la mano. Para su espectáculo no había avisos en los diarios, no tuvo reportajes en la revista dominical de "El Mercurio", no funcionó ninguno de esos aparatos publicitarios que a menudo se montan para orquestar el mito de algunos falsos artistas extranjeros … Allí estaba Violeta, sola y a ratos desesperada, con mucha gloria pero a veces sin un centavo».

Su hijo Ángel, incidiendo en esa misma situación, comentaba: «Mamá se sentía cada día peor, se quejaba de su soledad. Pero era brava y orgullosa. Cuantas veces no la dijimos que viniera a vivir con nosotros. Chabela (Isabel) y yo íbamos los domingos a la carpa a cantar con ella. La notábamos amargada: la gente ya no venía. "hasta aquí se anima a llegar solamente la gente con auto", nos decía, y eso, a ella que era tan del pueblo, le dolía».


Violeta Parra y Gilbert Favre.

A aquella difícil situación se unió la decisión adoptada por Gilbert Favre, de trasladarse a Bolivia y separase definitivamente de Violeta; esta decisión fue dolorosísima para ella, y a partir de ahí se sintió inmersa en una profunda depresión.

Pese a que sus hijos y sus buenos amigos Héctor Pávez y Alberto Zapicán –músico y escitor uruguayo– procuraron ayudarla, Violeta no fue capaz de afrontar su dolor y su soledad, y el domingo 5 de febrero de 1967, con un disparo de pistola, puso fin a su vida. Decisión que Atahualpa Yupanqui interpretó de forma simbólica en "Los pájaros azules. Homenaje a Violeta"; poema que el propio Atahualpa recitó en su último concierto celebrado en Zurich junto con Ángel Parra, y que podemos escuchar en el enlace de "goear" que indico tras el texto del poema.


«Ya no le cabían en la cabeza
los pájaros azules a Violeta
así fue que un mediodía
de extraña luminosidad
les abrió un trágico orificio
de escapada
y los pájaros azules se fueron
pero le llevaron la vida».

http://www.goear.com/listen/008c417/los-pajaros-azules-homenaje-violeta-atahualpa-yupanqui

Para concluir este "cuelgue" y, en general, la aproximación que he venido realizando en "cuelgues" anteriores sobre la vida y la obra de Violeta Parra –una de "mis grandes amadas cantoras del alma"–, es importante destacar su amplia discografía, editada, sobre todo, como obra póstuma.

Entre los discos publicados antes de su muerte, además de los ya citados en en "cuelgues" anteriores, figuran los siguientes: "Recordando a Chile (Una chilena en París)" (1965), "Canta las últimas composiciones" (1966) y "Carpa de la Reina" (1966), disco en el que intervinieron –además de Violeta–, Lautaro y Roberto Parra, Héctor Pavez, y los grupos Quelentaro y Chagual.



Tras su muerte las reediciones y los nuevos recopilatorios, o antologías, se multiplicaron: por ejemplo, cabe destacar "Décimas de Violeta Parra" (1968), "Violeta Parra y sus canciones encontradas en París" (1971), "Le Chili de Violeta Parra" (1974), "Un río de sangre" (1975), "Presente/Ausente" (1975), "El hombre con su razón" (1992), "Décimas y centésimas" (1993), "El folclore y la pasión" (1994), "Haciendo historia: La jardiera y su canto" (1997), "Composiciones para guitarra" (1999), "En Ginebra, en vivo" (1999), "Cantos campesinos" (1999), "Antología" (1999) o "Universo latino 9" (2001).

Para concluir mi recuerdo, mi pasión y mi homenaje a VIOLETA voy a ofreceros el siguiente vídeo en el que, si os apetece, podréis visualizar completa la película "Violeta se fue a los cielos" dirigida por Andrés Wood y estrenada el 11 de agosto de 2011.

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