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domingo, 10 de marzo de 2013

"REMUSICALMA DOMINICAL". DAVID MOYA 2: «MANÍAS SEDUCTORAS Y CONTAGIOSAS»

Tal y como anunciaba ayer, inauguramos hoy esta nueva sección del blog en la que vuelvo a proponeros "gozar de la música con calma" aprovechando que es domingo, día "oficialmente" destinado al descanso, aunque en realidad para muchas personas no es así porque no tienen más remedio que trabajar como el resto de los días de la semana.

El origen de esta "remusicalma dominical", y de las que vayan surgiendo en el futuro, surge por "la feliz culpa" de DAVID MOYA y de su "libro-disco-caja-cofre" –¡o que sé yo cómo llamarlo!– «CINCO MANÍAS DE HOMBRE SOLO».

David Moya.

En el "cuelgue" de ayer decía: «Voy a empezar por el principio, mañana –ya lo veréis– cambiaré de estrategia»... Pues bien, ha llegado el momento de comprobarlo: hoy no voy a empezar por la primera manía de David, que es "Cantar y desnudarse", ¡no!... Voy a empezar por la cuarta que es "NO CALLARSE".


Creo que esta cuarta "manía" que David Moya confiesa –a la que llama "NO CALLARSE"–, es la consecuencia lógica –o mejor dicho, coherente– de otra que silencia: me refiero a su "manía" de "Pensar", y de "Pensar en serio", es decir, de forma crítica. Compaginando y entrelazando la realidad con la razón utópica...; lo vivido con lo soñado como posibilidad...; el caos con la esperanza.

Prueba de ello queda reflejado, por ejemplo, en el siguiente texto –provocador y de extraordinaria lucidez– escrito por David en ese afán maniático, que por supuesto le aplaudo, de "NO CALLARSE". (Merece la pena reproducirlo aunque este "cuelgue" se alargue demasiado. De todas formas le pido disculpas a David porque no me queda más remedio que recortarlo y fragmentarlo).

«Lo he pensado de una y mil maneras –escribe– y no encuentro otra salida a la situación actual. Tenemos que formar terroristas. A tan pedagógica conclusión llego tras años de ser hijo, alumno, maestro, músico y, ahora, escritor. Pero sobre todo, tras más de tres décadas de atenta observación de este mundo en el que habitamos.

La actual dictadura a la que estamos sometidos recibe éste o aquel nombre según el círculo en que nos movamos: sociedad de bienestar, gobierno del capital, globalización, progreso... Hasta la fecha, la lucha contra el autoritarismo se ha traducido en revueltas sociales, manifestaciones y, llevado el conflicto hasta el extremo, la guerra. Pero ya no hay suceso bélico, por exitoso que parezca resultar, que libere a ningún pueblo de la opresión. Precisamente es tras la contienda cuando llega la auténtica esclavitud. Los sometidos no pelean sino contra un señuelo llamado ejército, mientras los verdaderos dominadores permanece escondidos bajo el anonimato de las grandes empresas esperando que la tormenta escampe para comenzar con su humanitaria tarea de reconstrucción. Lo hemos visto en Irak, Afganistán, Vietnam, El Salvador, etc.

¿Pero qué hay de los países en los que hace mucho que ya no se sufre una guerra? ¿Es el primer mundo un paraíso de gente libre? Perdonen la rotundidad, pero me atrevo a afirmar categóricamente que no [...]. Devotos de los dogmas, la política-ficción y de los cuentacuentos que aparentan gobernar. Encadenados a la tecnología y bajo la amenaza de lo obsoleto, corremos y corremos, sin tener ni idea de hacia dónde, y habiendo dejado demasiado atrás nuestra persona como para preguntarle.


David Moya.

Y todo esto, ¿por qué?. Nadie parece empujarnos a ello.  No hay caras reconocibles ni brazos con látigo a la vista. El amo es un agente secreto, parte de un servicio de inteligencia que mueve los hilos a nivel global y nos somete mientras creemos progresar. Es una fórmula perfecta, lo reconozco. Convencer al sometido de que no es tal cosa endulzando su amargura con el caramelito del bienestar. Bravo.

Por eso creo firmemente en que solo hay un camino: reventar el "status quo" desde dentro, con armas tan sutiles como las que emplean contra nosotros. Trabajar por la libertad en la sombra, tan a hurtadillas que para cuando el gigante quiera darse cuenta de nuestras intenciones, ya hayamos conseguido nuestro objetivo: la felicidad. Esto, señoras y señores, sólo tiene un nombre en los tiempos que corren: terrorismo [...]».

Llegado a este punto David Moya formula un conjunto de bases sobre las que habría que articular la formación de esos futuros activistas, entre ellas, por ejemplo, «el manejo de la sonrisa», «el amor a la cultura y la voluntad de estar informados», «la sinceridad y la transparencia», «la toma de decisiones y el camibio», «el valor», «la eliminación de la palabra fracaso» y «la intuición»... ¡Espléndido programa que destella esperanza por'tos los'laos!... Y ¡claro! es compresible que después de leer y releer las palabras de David no tenga más remedio que "NO CALLARME"  y decir: «¡Bendita sea esta manía –seductora y contagiosa– de David a "NO CALLARSE"!» 

Y tras la anterior reflexión –insisto: que nos hace volar del caos a la esperanza–, voy a volver a retomar el orden y vuelvo al principio, es decir, a su primera manía: "CANTAR Y DESNUDARSE", o sea, comunicarnos sus propios latidos, sus sentimientos, sus creencias, sus evocaciones, sus convicciones... y hacerlo ¡cantando!... y además cantando muy bien.


En ese contexto, David Moya nos ofrece en su "disco-libro-cofre-tesoro" –también se le podría llamar así–, once canciones grabadas acompañado de su banda: "Los Agentes de la Dinámica", integrada por Juan Ignacio Sánchez –batería–, Jose Rubén Martínez –bajo– y Jorge Iglesias –guitarra eléctrica–, y con las colaboraciones especiales de  Alejandro Martínez al piano –¡impresionante!–, Sergio Valcárcel al bajo, David de Gregorio y Reme “La Chana” a los coros, y José Luis Manzanero, productor, arreglista, voces, teclados, percusión y guitarras eléctricas.

Doce canciones en las que, sobre una rica variedad de tonos, de climas y de ritmos, destaca la limpieza –sencillez y luminosidad– en la dicción, en la musicalización de los poemas, y en los arreglos realizados por Manzanero; doce poemas en los que David desnuda latidos, búsquedas y experiencias vividas. Poemas y  canciones como ésta:


«Sigo buscando la 
canción que me confiesa 
los días que amanezco a la hora de la siesta 
cuando me esperan enfadados 
problemas y pecados; 
los sueños y los planes cancelados. 

Todos los "mañana dios dirá" 
me miran medio avergonzados, 
decepcionados, 
que untadas las promesas en carmín 
el barman se las ha llevado. 
Siguen haciéndome llorar las estaciones, 
las bodas, las canciones con apenas tres acordes. 
Sigo buscando en el lugar equivocado 
al dueño de mis actos, 
al que luego limpia el rastro. 
Al niño acostumbrado a ser feliz pisando charcos. 

Siguen tentándome las áreas de descanso, 
los bares que cerramos, las mujeres al piano; 
el cine de verano, 
el sur y su descaro... 
Las luces de las fiestas de tu barrio». 
("Pisando charcos").

Y para no hacer excesivamente largo este "cuelgue" no me queda más remedio que limitarme a presentar, muy brevemente, las otras tres "manías" que David nos confiesa:

SEGUNDA MANÍA: "HABLAR EN VERSO"


"Manía" que se concreta en la edición de un poemario titulado “Las caras y sus reversos“, que incluye diecisiete textos poéticos con temática diversa –desde el amor a la muerte– haciendo un recorrido por diferentes paisajes interiores.

TERCERA MANÍA: "CONTAR HISTORIAS"


En este caso David recoge una colección de relatos cortos que navegan entre el realismo y la ficción;  relatos a los que titula genéricamente llama “Es gente como yo la que abandona el planeta”. Entre ellos hay uno que es mi favorito, es el titulado "Huele a espíritu adolescente"... ¡No tiene desperdicio!

QUINTA MANÍA: "NO ESTARME QUIETO"


Se trata de una crónica, titulada “Mate y dulce de leche”, en la que David narra, con intenso contenido literario, un mes de gira por Argentina realizado en septiembre de 2009.

A todo lo dicho anteriormente –aunque habría muchas más cosas que contar y que cantar en torno a estas "Cinco manías de hombre solo"– me gustaría resaltar, por una parte, la gran coherencia que se pone de manifiesto en toda la obra; y, por otra, asegurar que es un intenso trabajo de creación que seduce y que contagia.

Y poco más, sólo informar de que para adquirir y hacerse con esta obra –que, por supuesto, os recomiendo–, de momento hay que contactar directamente con David Moya a través de su web. Digo, "de momento", porque desde aquí quiero reivindicar la presencia de "disco-libros", como éste, en las estanterías literarias de nuestras librerías. Reivindicarlo y, por supuesto, luchar por ello...; ¡esta es una "causa" más por la que merece "tirarse al ruedo"!

La web de David Moya podéis encontrarla pulsando el siguiente enlace:

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