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lunes, 6 de agosto de 2012

DE COMO DESCUBRÍ A «LUCÍA SÓCAM» Y CONOCÍ SUS «VERDADES ESCONDIDAS»

Lucía Sócam.

Lo primero que os sugiero es contemplar la foto anterior. De esta forma empezamos –como debe ser– poniéndole cara a la mujer que va a ser la protagonista de los "cuelgues" de hoy y de mañana aquí DONDE LA PALABRA SE HACE MÚSICA. Su nombre es LUCÍA SÓCAM, compositora y cantante sevillana que a mi, desde hace ya tiempo, me tiene absolutamente fascinado con su trabajo de creación y de interpretación; fascinación que trasciende y va más allá de las formas, e incluso hasta del contenido de su expresión –es decir, de sus canciones–, para convertirse en una profunda admiración hacia su personalidad descaradamente joven –nació en 1986–, solidaria, valiente, y, sobre todo, fiel a su identidad sureña y a valores tan radicalmente democráticos como la libertad, la justicia y el compromiso en la lucha –que comparto con ella– de la "defensa radical de la memoria contra el olvido".

En el "cuelgue" de mañana me centraré más sobre su personalidad y su obra, permitidme que hoy me limite a contar como fue mi primer encuentro con Lucía; encuentro auditivo, y de sentimientos e ideales compartidos –que creo que ni ella misma conoce– producido al escuchar su canción titulada "Un hombre andaluz", dedicada a Blas Infante. Os cuento cómo fue la "cosa".

Yo, dada mi identidad andaluza, tengo, desde hace muchos años, como modelo de referencia ideológica a Blas Infante, considerado como "el padre de la patria andaluza". Hombre extraordinario, nacido en julio de 1985 y fusilado el 11 de agosto de 1936 en la carretera que va de Sevilla a Carmona. Fusilamiento cobarde y cruel –como lo son todos–, operado por el "rebaño franquista", contra un ser humano cuyo único delito fue la grandeza de reivindicar tierra, libertad y dignidad para el pueblo andaluz en su conjunto.

Mi conocimiento y mi admiración hacia Blas Infante tuvo su verdadero origen en 1982 cuando inicié la aventura de escribir la primera biografía de Carlos Cano, para Ediciones Júcar. Con ese motivo Carlos y yo compartimos muchas horas de convivencia y largas conversaciones; y fue, en ese contexto, en el que surgió Blas Infante. Carlos, como buen andalucista, lo tenía continuamente presente en sus reflexiones, y consiguió que a mí también me prendiera... Recuerdo que una tarde nos compramos una de las obras maestras Infante: "El ideal andaluz", en una edición publicada ese mismo año por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, y como nos pasamos varios días leyéndola y comentándola retirados en una casa que yo entonces tenía alquilada en la sierra de Madrid, concretamente, en Los Molinos.




Conservo aquel libro que compartimos Carlos y yo, y sobre cuyo contenido tanto dialogamos; es emocionante ahora observar en él nuestros subrayados y notas comunes a pie de página, y constatar como todo aquello –con lo que nos íbamos sintiendo cada vez más identificados– se iba reflejando en la biografía que estaba escribiendo: «Andalucía de alma robusta, fuerte y prepotente; Andalucía culta, industriosa, feliz; templo soberano de la voluntad de vivir...; y "la blanca y verde" –a la que tanto le cantó Carlos...; bandera blanca y verde que vuelve a decir paz y esperanza bajo el sol andaluz».

Durante aquellos años, tras la transición y ya en un sólido proceso de consolidación democrática, Blas Infante siempre estuvo presente en el alma y en el genio andaluz –y muy en particular, en el pensamiento y en la ideología de los partidos políticos nacionalistas y de izquierdas–; tanto que en 1984, la Editorial SM decidió reeditar unos cuentos "Cuentos de animales" que Infante había escrito y publicado en 1921... ¡Magníficos, por cierto!...



Aquella reedición, publicada por SM, con la colaboración de la Fundación Blas Infante, fue prologada por Manuel Ruiz Lagos, y a mi me fue solicitada la redacción de epílogo, tarea que realice con inmenso placer dada la pasión personal e ideológica que sentía, y sigo sintiendo, por Infante.

De repente, pasado un tiempo, empecé a constatar que de una forma muy sutil se hablaba mucho menos –y con menor pasión– de Blas Infante, sobre todo a nivel político y administrativo. ¡Sí! estaba ahí, pero menos...

Un día, ya más recientemente, en 2009, con motivo de una conferencia que desarrollé en la Universidad de Granada hice una larga referencia a los "Cuentos de animales" y a su ideología subyacente; hablé de la pasión que compartimos Carlos y yo por Blas Infante; y reivindiqué la necesidad de recuperar la esencia de su pensamiento y del "ideal andaluz"; necesidad que consideraba urgente por aquello de la "defensa de la memoria contra el olvido".

Fue justamente al año siguiente, cuando tuve la oportunidad de escuchar por primera vez el canto de LUCÍA SOCÁM.

Una de las participantes de la conferencia que di en Granada se puso en contacto conmigo para informarme de la edición de un disco titulado "Verdades escondidas" en el que una jovencísima cantautora sevillana había dedicado uno de sus temas a Blas Infante, en concreto el titulado "Un hombre andaluz".


Inmediatamente me hice con el disco, adquiriéndolo por internet –los discos están y hay que comprarlos–.

Tras su audición me quede absolutamente sorprendido, no tan solo por la canción "Un hombre andaluz" –que logró emocionarme–, sino por las 18 que componen el disco; disco que comentaré detalladamente mañana y que, por supuesto, considero altamente recomendable.

He contado toda esta larga historia para situar en su justo lugar el magnífico trabajo artístico, cultural e ideológico que está realizando LUCÍA SÓCAM; Lucía es una mujer que reivindica la memoria contra el olvido y que lo hace con sensibilidad, con la belleza de la honestidad, y con una forma de cantar "jonda", profunda, sincera, con alma, con sangre, con latidos... De ello seguiré hablando mañana; mañana haré referencia mucho más amplia y esplícita a su vida y a su obra...

Y ahora, para concluir este "cuelgue", os propongo escuchar y leer a Lucía rindiéndole su joven homenaje a Blas Infante.






«Ni héroe, ni lider, ni mito
solamente un hombre andaluz.
El “ideal andaluz” humanista
la cultura andalucista.
Mira a su alrededor
donde se mezcla el dolor
con las ganas de luchar,
impotentes, sedientos de vida, de pan,
de justicia y de libertad.

¡Viva Andalucía libre!
Pedid tierra y libertad
¡vamos compañeros!
marchemos unidos
ganaremos esta guerra,
que nuestras raices no se pierdan
bajo el sol de nuestra tierra Andalucía.

La bandera blanca y verde
que renace con la paz y la esperanza.
Aflorando los sueños de esta tierra
con lágrimas sembradas.
La carretera de Carmona
no acabó con la esperanza
la palabra fue su arma
y ni quitándole la vida
puedieron jamás retirle su libertad

¡Viva Andalucía libre!...
Y que al fin seamos libres
nuestra bandera está presente
en el trabajo y el descanso
de las mujeres y los hombres
que sea eterna la sonrisa 
de los niños la inocencia que vuele
que este hombre tiene hambre
de aprender de su sol,
de saber y vivir el amr.
Que esa alma que encierra
los sueños anhelados
abrá las puertas de su corazón.
Ha llegado a hora de que el hombre
se emancipe del hombre».

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