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lunes, 23 de enero de 2012

MANUEL CUESTA I - REFLEXIONES EN TORNO AL "OFICIO DE CANTOR"

Manuel Cuesta.

Hace unos días, en uno de los conciertos de MANUEL CUESTA le escuché un tema que no le había oído cantar antes, se llama "No todo esta perdido"; me pareció un tema bastante desalentador e inquietante –por su realismo–, pero a la vez muy hermoso por la pasión esperanzadora que él transmite cuando lo interpreta. La letra de esa canción dice así:
«Lo siento, vuelva usted mañana
no nos quedan ni treguas ni pactos
y por libertad desgraciadamente
no nos viene nada

No insista de verdad, no nos quedan ayudas 
si busca Ud. ciudadanos solidarios
rellene bien y con paciencia
este par de formularios

Si lo que busca son indocumentados
suba Ud. el primer piso a la izquierda
sección de insurgentes y perdedores
de buenas ideas.

Ya no se lleva la filosofía
de la conciencia social o la utopía
si eres humano, te llaman loco, poeta o desertor.
Ay amor mío, sálvese quien pueda 
nadie conoce a nadie en esta comedia
agárrate fuerte a mí y dime al oído
que no todo está perdido 

No pierda el tiempo, ya no existe la bellezan
nos cambiaron a las mujeres por niñas con anorexia
que desfilan su tristeza y su miseria
por las aceras

Será mejor que no hable Ud. de Dios
desde hace tiempo que no recibe llamadas
siempre que hay tragedias mantiene la línea
muy bien ocupada.

Ya no se lleva la filosofía
de la conciencia social o la utopía
si eres humano, te llaman loco, poeta o desertor.
Ay amor mío, sálvese quien pueda 
nadie conoce a nadie en esta comedia
agárrate fuerte a mí y dime al oído
que no todo está perdido».


En la voz potenten de Manuel, y dados los planteamientos y las denuncias que se formulan en esta canción, pensé que había sido compuesta recientemente; pero no, estaba equivocado; al final del concierto Manuel me comentó que la canción tenía más de once años y que fue la primera que incorporó a su primera maqueta grabada en el año 2000 con el título genérico de "Perfil de juglar", o sea, que "No todo está perdido" es una de sus primeras composiciones.


Primera maqueta de Manuel Cuesta. "Perfil de juglar" (2000).

A partir de esta experiencia vivida con Manuel Cuesta, y pensando en ella, me ha parecido oportuno formular en este momento una reflexión en torno a esa nada fácil tarea que consiste en "optar por una profesión artística y, más en concreto, por el oficio de cantautor"; en desarrollar ese oficio con calidad y con imaginación musical y literaria, y en irse abriendo camino –con la canción a cuestas– en un mundo y en una sociedad en el que permanentemente se repite aquello de que «no son buenos tiempos para la lírica», y menos si la lírica es comprometida y supone una movilización seria y sincera de la libertad, del pensamiento crítico y de la sensibilidad.

Esta reflexión que hoy me ha parecido oportuno formular tiene que ver con la "prisa" y va a girar en torno a ella. Si hay algún oficio en el que nunca se debe tener "prisa", y en el que la "prisa" se convierta en un factor negativo y desestabilizador, es cualquiera de los oficios relacionados con el arte, es decir, con la actividad creadora, y, muy en particular, con las actividades de composición literaria y musical. El oficio de cantor –o de trovador, que me gusta más– requiere un "tempo" que hay que respetar, que es preciso recorrer y que no debe violentarse; un "tempo" que tiene mucho que ver con el silencio, con la interiorización, y con los latidos del alma; un "tempo" desde el que surge y se genera la calidad, la coherencia, la belleza, y, a fin de cuentas, la verdadera y más auténtica creación artística.

En ese sentido, y desde esa perspectiva, me causa verdadero pavor la "prisa" que manifiestan algunos jóvenes cantautores por crear y crear canciones como el que hace "churritos matutinos". Es como si quisieran llegar corriendo –a toda velocidad– y los primeros, a un éxito que les es imposible alcanzar porque en realidad lo que hacen –lo que cantan– carece de fundamento, y, sobre todo, carece de una mínima base artística que permita darle la categoría de "canción" –¡la canción es arte, o no es nada!–...; se trata de "aprendices de cantautores" –que cada día son más numerosos– y que tienen solo eso, palabras y notas hilvanadas con prisa que aburren, que no emocionan y que están reclamando a gritos un "tempo" imprescindible para poder ser y significar algo en el futuro...

A lo anterior, para que una persona, en nuestro caso un "cantautor" –no un "cantamañanas"– pueda crecer y desarrollarse como creador o como compositor, hay que añadir otras exigencias igualmente imprescindibles como son, por ejemplo, el trabajo, la disciplina, la reflexión sobre la realidad, la formación literaria y musical, y por supuesto el "talento" y la humildad necesaria para aceptar que siempre se está aprendiendo...; en fin, exigencias lógicas cuando se persigue como meta trabajar en una profesión creativa, como es el "oficio de cantor".

Valga todo lo dicho, por una parte, para que –si quieren–, piensen y reflexionen sobre ello los que podríamos llamar los "novísimos cantautores"; y valga también como introducción a unos "cuelgues" que voy a dedicar, en días sucesivos, a la obra de Manuel Cuesta y al contexto en el que se ha ido desarrollando; cantautor –ya de "largo recorrido"– que ha sabido ir tejiendo la urdimbre de su "oficio de cantor" con "tempo", con trabajo, con disciplina, con reflexión y, muy en particular, con un desmedido interés por su formación musical y literaria. Un creador hacia el que, como podrá comprobarse, siento una gran admiración.

Manuel Cuesta. Fotografía promocional para su CD
"Perfil de juglar" (2000)

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