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lunes, 23 de mayo de 2011

ORIGEN E HISTORIA DE LA "ASOCIACIÓN DE LA MÚSICA POPULAR" CREADA EN 1983 - I

En estos momentos en que –en el contexto del movimiento calificado como 15 M– se están celebrando Asambleas de Jóvenes Músicos para analizar y proponer la función que debería tener la música y la canción en el desarrollo de una sociedad más auténticamente democrática, me parece oportuno rescatar un momento de la historia de nuestra "canción popular" que nos puede ayudar a reflexionar: Me refiero al nacimiento de lo que se llamó "Asociación de la Música Popular". 

Creo que el reconocimiento de la "memoria" en ese sentido, puede ser muy iluminador del presente y puede ofrecernos orientaciones claves en la construcción del futuro

El origen de aquella Asociación fue el siguiente: En 1983 –pocos meses después de que Felipe González obtuviera la Presidencia del Gobierno por mayoría absoluta– Elisa Serna"trovadora castellana", como a ella le gusta llamarse– publicó, en la sección "Tibuna Libre" del diario El País, el siguiente artículo:


Con el fin de facilitar su lectura, y para centrarnos en sus planteamientos esenciales, seguidamente voy a transcribir algunos de los fragmentos más significarivos e interesantes de aquel artículo, permitiéndome acompañarlo de  algunas imágenes:

TRIBUNA LIBRE
Los trovadores, parientes pobres de la cultura
Elisa Serna

Elisa Serna en 1971.

«Durante los últimos quince años se han grabado unas 4.500 canciones populares en el Estado español. Unidas a todas las que esperan ver la luz, podremos imaginar el trabajo poético y musical realizado por estos trovadores de hoy, los mal llamados "cantautores". Este es uno de los datos elaborado por Fernando González Lucini, autor de uno de los estudios filosóficos más serios sobre los pueblos y las gentes de nuestro país. [...]

Luis Eduardo Aute.
(Fotografía: Antonio García Flores).
Ser trovador podría ser el oficio más divertido del mundo, si no fuera porque subsistimos sometidos a los bandazos de la industria discográfica, los secretos convenios del "marketing", unos circuitos paralelos difícilmente mantenibles, unos representantes exhaustos –antes, por la burocracia de la censura, y ahora, por la incomprensión del hecho cultural–, una política de subvenciones que nunca nos ha favorecido, unos alquileres de teatros donde al final hay que poner dinero, interminables letras de furgones y equipos de sonorización millonario... En fin, todo un panorama que hace de un trabajo tan noble la hija pobre de las artes. [...]

Seguimos hablando de una sociedad capitalista, pero existe un camino intermedio para conseguir que la música y el arte, en general, no sigan siendo un valor de cambio –que se compra y se vende– y se vaya convirtiendo en lo que es: un valor de uso –disfrute e intercambio– de toda la población. Existe una tercera vía entre el silencio y el someterse a la ley de la oferta y la demanda.


Pablo Guerrero y Luis Pastor.


Me decido a proponer la fundación del "Instituto de Canción Popular", cuya gestión debería encomendarse a filólogos, pedagogos, musicólogos y enseñantes que hayan trabajado en torno a la canción popular, con la siguiente estructura estable: auditorios profesionales estables por todas las ciudades; una coordinadora de recitales que programe en estos auditorios y en todos los que dispone el Ministerio de Cultura, ayuntamientos y diputaciones; escuelas taller en todas las ciudades; una colección de "canción popular" en la Editora Nacional; una ley del disco que desgrave el impuesto de lujo a discos culturales; la desgravación del impuesto de lujo en equipos de sonorización, furgones e instrumentos musicales; impulsar la creación de programas de "canción popular" en los medios de comunicación; la supresión del play-back en los medios, auditorios o locales; y la creación de un premio».


Hilario Camacho.

A los pocos días de la publicación de aquel artículo Elisa –a la que me unía una buena amistad– me llamó por teléfono para que mantuviéramos una reunión urgente. Quedamos en vernos al día siguiente en la cafetería del Ateneo de Madrid. Me contó su proyecto de creación de un "Instituto de Canción Popular" y me pidió que le ayudara a ponerlo en marcha. Por supuesto acepté –Elisa es irresistible– y lo primero que hicimos fue constituir un grupo de trabajo para pensar y elaborar una propuesta concreta.

Aquel grupo de trabajo inicialmente estuvo formado por Elisa Serna, Julia León, Claudina, Raul Marcos, Víctor Claudín, Jorge Morgan y un servidor.

Lo primero que decidimos fue darle un giro a la idea de creación de un Instituto, optando por la creación de una "Asociación de la Música Popular"; seguidamente redactamos unos posibles estatutos de la Asociación, elaboramos un presupuesto y, con todo ello, nos dirigimos al Ministerio de Cultura; concretamente a la Dirección General de la Música, dirigida en aquel momento por José Manuel Garrido.

Presentado el proyecto, a los pocos días fue aceptado por el Ministerio y se nos concedió una ayuda económica, o subvención, para ponerlo en marcha, cosa que hicimos inmediatamente. 

Elisa ocupó la presidencia de la Asociación, y yo, por decisión de los primeros asociados, asumí la vicepresidencia. Alquilamos unos locales en la calle Navas de Tolosa, en Madrid; diseñamos un logotipo, nos distribuimos las tareas a realizar para que el proyecto se fuera haciendo realidad y empezamos a trabajar.

Logotipo de la Asociación de la Música Popular, credo por Jorge Morgan. 
En el número 341 del semanario "El Socialista" (21 al 27 de diciembre de 1983) aparecía lo noticia en los siguientes términos:

Pueblo que canta
La Asociación de la Música Popular


Planteado el origen de la Asociación y la forma en que se puso en marcha, mañana dedicaré el "cuelgue" correspondiente a presentar las actividades que se realizaron y, en particular, la puesta en marcha de unos "Seminarios sobre Música, Canción Popular y Pedagogía Liberadora" dirigidos a profesores y profesoras de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universidad; seminarios que hoy en día habría que retomar.

Por otra parte, esta tarde colgaré también una pequeña crónica fotográfica del día en que se inauguraron los locales de la Asociación...; tiene la gracia y el encanto de que los que ahí estábamos, y seguimos vivo, teníamos 25 años menos que ahora.

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