Hay veces que uno comete errores que solo son disculpables desde la generosidad y la compresión de las personas sobre quienes recaen; son errores que te persiguen hasta que consigues quitártelos de encima –o de muy dentro– siguiendo un ritual imprescincible: primero reconociéndolos, luego pidiendo disculpas, y, finalmente, procurando hacer la rectificación necesaria, es decir, poniendo las cosas en su sitio.
Esto me ha pasado a mí más de una vez y no me cuesta nada reconocerlo. Una de esas veces fue en el año 2006, año en que entró en imprenta y se publicó mi libro "...Y la palabra se hizo música".

Enseguida pensé incorporar a Arístides en la segunda edición, pero no pudo ser; se hizo esa segunda edición pero sin rectificaciones posibles para abaratar los costes... Después, hasta ahora, que he puesto en marcha este blog, no he tenido la plataforma o el medio necesario para rectificar aquel error imperdonable... Ha sido, desde entonces, "una de mis asignaturas pendientes".
Tras aquella circunstancia escuché con calma los discos de Arístides, empecé a gozar de sus canciones –como antes no lo había hecho–, y me lo pasé muy bien en alguno de su conciertos. Recuerdo, por ejemplo, su actuación en el homenaje a Quintín Cabrera que organizamos sus amigos en el auditorio de Comisiones Obreras; cuando apareció Arístides en el escenario, vestido de colores, su presencia fue como una hermosa y delirante metáfora de la vida frente, o contra, la muerte. Hubo un momento en que pensé que el mismísimo Quintín, asomado a los "balcones del infinito", se desternillaba escuchándole. (¡Oh, "desternillarse" que hermosa y tan olvidada palabra!).
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"El corsario de la biosfera" (1999) |
Arístides Moreno, nacido en Gáldar, Gran Canaria, ha grabado, hasta el momento cuatro discos: "Samba de otro mundo" (1998), "El corsario de la biosfera" (1999), "Espectro luminoso" (2005) y "Economía sumergida" (2008).
Sobre el trabajo de este canario que suele autodefinirse como "cantautor en peligro de aparición", lo primero que creo necesario destacar es su "singularidad"; es un autor y un cantante "diferente" que no se parece a nadie, "ni falta que le hace"... Él es, simplemente, él; y como él no hay otro.
En su obra hay mucho humor, ¡por supuesto!, pero "tocando fondo" –aborda y denuncia con gran sensibilidad y con aguda sutileza la realidad y los problemas sociales–. En Arístides se funden querencia, quebranto, música en el alma, multiculturalidad, ecología, aguaviva, "psiconautismo" "descojonamiento", ironía, luminosidad, pacifismo, "vagamundeo", profundidad, alma infinita, "intranoscendencia", y ternura... ¡mucha ternura!... Él es, en realidad, como antes decía, una sorprendente y alucinante metáfora del VIVIR; del vivir intensa y apasionadamente.
A todo esto hay que añadirle un ingrediente esencial, me refiero a sus musicalizaciones y orquestaciones: magníficas, cuidadas, mimadas, sin fronteras; él mismo afirma "mi música es europea por educación, africana por geografía y sudamericana de corazón". Musicalizaciones y orquestaciones sin parafernalia, porque cuando canta y actúa solo en un escenario, es pura musicalidad; es como si todo su cuerpo, desde su mirada a la punta de sus pies, fuera una orquesta.
Y termino con un fragmento de una de sus canciones; pero antes, una "cosita": todo lo dicho no son alabanzas gratuitas para compensar un error cometido ¡no!, ¡os lo aseguro!; son realidades que están ahí, que son evidentes y que cualquiera con un poco de sensibilidad puede apreciarlas.
"Me cansé de tanta economía
de tanta desigualdad
necesito encontrar el camino
llegar a algún lugar
me cansé de tener que dar tanta vuelta
para poderme encontrar
necesito volver al principio
y al origen de la humanidad"
(Quiero volver a África)
Cuando escuché a Arístides, años ha, por primera vez sentí que eclipsaba el panorama 'cantautoril' -como pastoril... jaja- del momento. Por fin, los canarios teníamos nuestro 'Virulo', nuestro cantautor pasado por Manolo Vieira y devuelto algo tan original, distinto y necesario: al escucharlo, sentí cómo lo echaba de menos sin conocerlo.
ResponderEliminarGracias por el artículo, Fernando! Y gracias a Arístides por su trabajo creativo y de interpretación: por sus 'solos de moto', por su vitalidad en la escena, y por conseguir que jóvenes y viejos llenen una plaza para escucharlo cantar -todos a coro con él- "malagaaaaaana... malagaaaaaana..."
Besos pa ambos.
Molina