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sábado, 24 de octubre de 2015

EN CASA DE «MAUI» ...SEGUNDA PARTE DE LA PRIMERA APROXIMACIÓN: "¡QUE CANTE LA DEL RAMÍREZ!"

En casa de Maui.

Otra de las personas que ha sido esencial en lo que  MAUI llama su "milagro evolutivo", fue Carmen Arjona, su madre.

Cuenta Maui que desde muy pequeña sus padres la llevaban a las bodas, bautizos y otras celebraciones gitanas, y que en mitad de aquellas fiestas –en las que la música, el baile y el cante son como un estallido de alegría y de complicidad– alguien gritaba: «¡Que cante la del Ramírez!»; y que, entonces, su madre  "la ponía guapa" con un collar –o con lo que fuera– y ella, aunque era muy chica y muy tímida, se echaba a cantar.

A los cuatro años Maui empezó a ir al colegio, un colegio de monjas y concertado al que habitualmente no iban los niños gitanos, cosa que fue posible gracias a Carmen Arjona –¡como son las madres cuando saben amar y se proponen algo!– que luchó todo lo que pudo para que la admitieran y le concedieran una plaza.

En aquel Colegio "De la Sagrada Familia", surgió otro personaje –éste especialmente insólito– que resultó clave en la vida de Maui; fue la Madre Luján, monja severa y estricta, que daba clase de música. Aquella monja –no sabemos que será de ella– nada más conocer a la "niña gitana" intuyó –con fina sensibilidad– que aquella chiquilla poseía muy buenas cualidades musicales. Fue con ella con la que Maui aprendió a leer y escribir música; y no había fiesta, ni fiestecilla colegial –litúrgica o laica– en la que la Madre Lujan no le hiciera cantar en el coro y como solista. Fue así como Maui empezó a interesarse en serio por la música y el canto; ... tanto empezó a aprender a tocar el piano.

Piano de juguete que participó en la grabación
de "Viaje inerior", último disco de Maui.

A los ocho años Maui inició sus estudios musicales en el Conservatorio Elemental de Utrera, y gracias a las amigas del Instituto –donde estudió el bachillerato– descubrió, con sorpresa y admiración, la existencia de otras músicas, de los Beatles o los Rolling, por ejemplo... «Fue por entonces –comenta ella misma– cuando descubrí que había vida más allá del flamenco, y me pasaba horas con mi walkman y mis cascos escuchando a los Beatles, Pata Negra, o Rostropovich»... Todo un universo musical se precipitaba sobre la joven sensibilidad de Maui, enriqueciendo y dándole aire a su identidad flamenca y "sureña".

Y surgió lo previsto y lo inevitable: Utrera a Maui se le quedaba "chica", quería seguir estudiando en un Conservatorio –en el de su pueblo solo podían estudiarse los cinco primeros cursos–; y, a la vez, se le despertó el deseo –eso que hay quien llama vocación– de ser "maestra de escuela" en la especialidad de música, especialidad que tampoco existía en la escuela de Magisterio de Utrera. Dos maravillosas aspiraciones difíciles de hacer realidad dada la situación económica de la familia. (Una historia larga y común vivida allá en el Sur por muchos adolescentes a los que la pobreza les cortó las alas.)

Pero no; a Maui, el destino, la suerte, o tal vez la sabiduría de la hadas, le jugaron una buena pasada para que sus aspiraciones pudieran hacerse "más que realidad". Os lo cuento:

En Utrera había un músico y cantor llamado Toni López que un buen día, a finales de los noventa, decidió formar un grupo con el que versionar temas clásicos de la llamada "música y canción española". Grupo al que llamó "Los Centellas". Toni que conocía y admiraba a Miguel Ramírez –guitarrista y padre de Maui–, le pidió que se integrara en el grupo junto con Juan Luis Trelles (bajista) y Pepe Florido (batería) –que posteriormente fue sustituido por Guillermo Pelusa–.

Pues bien, "Los Centellas" grabaron en 1997 un LP titulado "Por amor al arte" que se abría con la canción "El toro y la luna" –de Carlos Castellano Gómez–; canción con la que dieron lo que se dice un gran "pelotazo", llegando a vender más de 200.000 copias. Recordemos aquella canción:


Con los derechos de autor que le correspondieron a Miguel Ramínez por la versión de "El toro y la luna", más lo que pudo obtener de los "bolos" que les fueron saliendo al grupo, el padre de Maui consiguió juntar un "dinerito". y en un gesto de gitano bueno, tierno y honesto les dijo a su mujer a sus dos hijos que quería –y ahora podía– hacerles un regalo.

Carmen optó por una cocina nueva, el hijo por poder sacarse el carnet de conducir, y MAUI por irse a Granada para seguir luchando por su sueño: ampliar sus estudios en el Conservatorio y estudiar Magisterio en la especialidad de música... Y así fue como Maui, con su maleta llena de ilusiones, y con la música y el canto a flor de piel, salió para Granada.

Y ahí empieza otra historia... ¡también apasionante y sorprendente!... Pero vamos a dejarla para el siguiente "cuelgue".

... ¡Y qué ojazos tiene!

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