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viernes, 17 de mayo de 2013

... Y LA PALABRA SE HIZO MÚSICA. "PUEBLO DE ESPAÑA, ¡PONTE A CANTAR!" (6ª Parte)








Continuo la copia de un nuevo apartado de mi libro
"Crónica cantada de los silencios rotos" (1998);
concretamente el titulado: 
«Pueblo de España, ¡ponte a cantar!» (6), que hace 
referencia al nacimiento de la "nueva canción vasca".


Y cambiamos de plano: EUZKADI; años cincuenta.

«Mi madre es de la parte de Hernani y mi padre de San Sebastián. Ella era campesina y él obrero.Yo nací en La Antigua, barrio popular de San Sebastián. [...] Éramos ocho hermanos... [...] Desde siempre en mi casa estaba instaurado el euskera. En la escuela, en cambio, nos obligaban a hablar en castellano. [...] Por una parte había una represión por parte de los maestros, que lo menos que te decían era "que hablaras en cristiano", y, por otra, el cachondeo de los otros chavales que se reían de nosotros. A veces para vencer los problemas, tomábamos la fácil solución de hablar en castellano, pero bastaba una mirada severa de nuestro padre para que comprendiéramos lo que nos quería decir: "Aquí estamos en Euzkadi y no hay por qué hablar en castellano". En esto mi padre fue siempre tajante, había otros casos de padres que estaban acojonados y que preferían que sus hijos salieran adelante en la escuela. Entonces abandonaban el euzkera. Yo ahora creo que mi padre adoptó una postura muy justa».

Estas son unas declaraciones realizadas para la revista OZONO, en 1977, por Imanol –una de las voces claves de la música y de la nueva canción vasca–; palabras que ilustran claramente, una vez más, aquella represión ejercida por la dictadura sobre los elementos que constituían las base o las fuentes de identidad de nuestros pueblos, en este caso, la "lengua"; actitud absolutamente cegata que desconocía, o al menos no quería reconocer, la riqueza y la grandeza que siempre fluye del encuentro en el profundo respeto hacia la diversidad.

Imanol y Marina Rossell en la presentación del libro
«Crónica cantada de los silencios rotos» y de la exposición
"Arte y canción". Círculo de Bellas Artes de Madrid, 26 de febrero de 1998.

Y junto a la represión de la lengua, en aquellos tiempos, también el total desprecio hacia toda la cultura popular tradicional y, en particular, hacia la tradición del canto y de la danza, tan arraigada en el corazón de Euzkadi. Un patrimonio cultural riquísimo y lleno de vitalidad que, en 1922, el padre Resurrección María de Azkue había recogido, a partir de una minuciosa investigación, en dos publicaciones históricas: "Cancionero popular del País Vasco" y "Literatura popular del País Vasco". Publicaciones que se completaron con las investigaciones del padre José Antonio Donostia; del capuchino y musicólogo navarro Jorge de Riezu –que elaboró un cancionero con el nombre de "Flor de canciones populares vascas"–; y del etnólogo José Miguel de Barandiarán. Obras e investigaciones que se convirtieron en una especie de referentes a los que acudirían, en los años sesenta, aquellos jóvenes que se empeñaron –y lo consiguieron– en recuperar, a través de la canción, lo que desde el sistema centralista les estaba siendo negado.


Es en ese contexto en el que se va a ir entretejiendo este nuevo "plano medio" de la "crónica cantada de los silencios rotos" que estoy escribiendo.

1961. Bayona. Mikel Labeguerie, médico de pofesión, nacido en Ustaritz –ciudad de la provincia vasco-francesa de Laburdi– graba los que podríamos considerar como los dos discos pioneros de lo que será, a partir de ahí, la "nueva canción de Euzkadi.

Mikel Labegueríe.


En uno de esos discos Mikel Labegueríe interpretó y grabó, por ejemplo, la canción "Aurtxo-aurtxoa", nana en la que expresa el lamento de un mujer, que acuna a su hijo, evocando la ausencia del padre, qe se encuentra en prisión como consecuencia de un conflicto político. Os sugiero escucharla en el siguiente vídeo:


«Izu egin lo, aita urrun da, Euskadiren serbitzuko
zure ondoan ama daukazu, ez zaitu iñoiz utziko.
Aurtxo. aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko.
Izu egin lo, aita preso da zu biar libro izateko.
Egun batian etorriko da gu biokin bizitzeko.
Aurtxo-aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko.
Izu egin lo, ilunagatik zeruan izar bat dago.
Mila ta mila izango dire aita libratu ta gero.
Aurtxo-aurtxoa, izu egin lo,
emen nauzu zu zaintzeko».
("Aurtxo-aurtxoa". Michel Labeguerie)

«Duerme, duerme, que tu padre lejos está sirviendo a Euskadi. / Tu madre, que a tu lado vela por ti, nunca te abandonará. / Niño duerme / que a tu lado estoy para cuidarte. / Duerme, duerme, que tu padre está encarcelado para que tú puedas ser libre el día de mañana. / Llegará un día en el que volverá para estar con los dos. / Niño duerme / que a tu lado estoy para cuidarte. / Duerme, duerme en la oscuridad de la noche, que en el cielo todavía hay una estrella / y miles y miles habrá el día en que tu padre sea puesto en libertad. / Niño, duerme / que a tu lado estoy para cuidarte». ("Aurtxo-aurtxoa". Michel Labeguerie).

Dos años después, Mikel Laboa da su primer recital de canciones tradicionales en euzkera en el teatro Argensola, de Zaragoza (1963), y al año siguiente graba en Bayona, su primer disco: "Lau herri kanta".

Aquel fue de alguna manera, el resorte que provocó que empezaran a surgir todo un conjunto de jóvenes creadores, bien integrando grupos musicales, como fue el caso de Argia, al que perteneció inicialmente Imanol, bien de forma individual, como los hicieron Xabier Lete, Lourdes Iriondo o Benito Lertxundi.

Arriba Imanol. Abajo, de izquierda a derecha: Xabier Lete,
Lourdes Iriondo
y Bento Lertxundi.

En un principio, la mayoría de ellos se iniciaron rescatando y recreando el folklore popular, tomado de los cancioneros, en sus múltiples variantes, para enseguida ir evolucionando, en la mayoría de los casos, hacia creaciones propias, en la mayoría de los casos, hacia creaciones propias, bien poniéndoles música a los poetas vascos contemporáneos, bien cantando sus propios textos, tanto los de corte más intimista como aquellos de una mayor proyección social y política, es decir, reflejando la realidad que en esos años se estaba viviendo en Euskadi; una realidad negativa y despersonalizadora de la que pensaban que sólo era posible liberarse a través de un proceso de toma de conciencia crítica por parte del pueblo; y de aquí el gran hallazgo de aquella generación –un hallazgo que simultáneamente se producía en todo el Estado–: la canción podía ser el vehículo que provocara el despertar de esa conciencia crítica, dadas, sobre todo, sus posibilidades de comunicación directa, clara, sencilla, y además dirigida a lo más profundo y a lo más íntimo de la persona, a su sensibilidad y sus sentimientos.

Era el nacimiento de una revolución extraordinariamente positiva y esperanzadora: «la revolución desde la cultura popular»; y esto Euzkadi lo entendió bien desde el principio. Al mismo que surgía una nueva canción, se iniciaron toda una serie de acciones culturales de gran interés; por ejemplo, la recuperación de instrumentos populares, algunos tan ancestrales como la txalaparta; o la realización de actividades de promoción y creación artística, a nivel popular, en el ámbito de la pintura, del teatro o de la danza. Con todo aquello empezó a forjarse un movimiento cultural compacto que cuajó definitivamente en 1966. Es  necesario destacar la presencia y el apoyo entusiasta prestado, en aquel momento, a todo ese movimiento, por el escultor Jorge Oteiza, de quien dijo Gabriel Aresti –y es verdad– que fue un gran profeta.

Jorge Oteiza.

En el nacimiento y en la consolidación de la nueva canción vasca, como ya anunciaba con anterioridad, Mikel Laboa desempeñó un papel fundamental, Mikel, al igual que Paco Ibáñez en París, se inició interpretando canciones sudamericanas –él solía evocar el impacto que le produjo escuchar la mítica canción "Preguntitas sobre Dios", de Yupanqui, o los desgarrados y sensibles cantos de Violeta–. Después se introdujo en la tradición musical y poética de Euzkadi, y seguidamente, influenciado por las canciones de Labeguerie, antes citadas, decidió lanzarse a crear e interpretar sus propias canciones.

Mikel Laboa.

Durante una etapa de su vida Mikel Laboa estudió psiquiatría infantil en Barcelona y allí, dadas sus inquietudes y sus búsquedas musicales, conectó con el colectivo Els Setze Jutges. Impactado, sin duda por los planteamientos y por la línea de creación y de desarrollo que estaba adquiriendo la "nova cançó", a su regreso a Euzkadi se puso en contacto con Oteiza, Xabier Lete, Lourdes Iriondo y Benito Lertxundi y, en 1966, fundaron el colectivo EZ DOK AMAIRU ("No hay trece"), grupo inicialmente integrado por Jesús y José Artze, Julián Beraetxe, Lourdes Iriondo, Mikel Laboa, Kepa Garbizu, José Ángel y Juan M. Irigarai, Benito Lertxundi, Xabier Lete, José María Zabala, Julen Lekuona y Luis Bandrés.


Diversos miemos del grupo Ez Dok Amairu posando
junto al cantante Atahualpa Yupanqui (tercero por la izquierda):
Jose Anton Artze (segundo por la izquierda), Benito Lertxundi (cuarto),
Mikel Laboa (sexto), Jose Angel Irigarai (séptimo),
Xabier Lete (agachado, el primero por la izquierda)
y Lourdes Iriondo. El último a la derecha es Paco Ibáñez.

Víctor Claudín, en su libro "Canción de autor en España", recoge unas palabras de Mikel Laboa en las que se nos cuenta el origen del nombre que decidieron darle al grupo:

«El nombre lo había pensado Oteiza y está sacado de un cuento popular. A San Martín el Herrero se le presenta el diablo para comprar su alma, entonces le dice que va a empezar a enumerar y él tiene que decir una palabra en cada número: 3, la Trinidad; 12, los Apóstoles... Cuando llega al número 13, no recuerda nada y dice: "Ez dok amairu" ("no hay trece"). Jorge lo tomó en el sentido de que no hay trece con la cultura; que se había roto el maleficio que pesaba sobre la cultura vasca; que iba a seguir adelante».

Y así fue: la cultura vasca, a partir de ese momento, iba a recibir un fuerte impulso gracias a la voz y el canto de sus poetas. Entre aquellas voces de lo años sesenta, que supieron alzar sus cantos por la libertad, es imposible no dejar de evocar una voz serena y limpia de mujer: la voz de Lourdes Iriondo.


«¡Ay, noche!
¿Qué te ocurre en el silencio?
Pones triste el corazón.
Nos oscureces la mente.
En la soledad el viento llora.
El mar se queda mudo al venir tú
¡Ay, noche!… 
Me haces recordar
que también es oscuro este mundo en el que vivimos,
que hay mucho miedo, odio, maldad e injusticias tristes.
Pero de noche sueño 
que mañana por la mañana el mundo será mejor,
que en la negra noche de los hombres 
la paz, la esperanza y un nuevo amor renacerán,
que en la negra noche de los hombres
renacerá la paz en la noche, en el silencio,
la promesa de la luz mañana por la mañana,
en la noche, en el silencio más absoluto,
la promesa de la luz,
en la noche negra de los hombres».
(“Noche”. Xabier Lete - Lorudes Iriondo)

«Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Triste jartzen dezu bihotza. / Ilutzen diguzu gogoa. / Bakardadean / haizeak negar egiten du, / itsasoa mutu gelditzen da / zu etortzean. / Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Zuk oroiarazten nauzu / gu bizi geran mundu hau ere / iluna dala. / Bildur gorroto gaiztakeri / Ta injustizi triste asko / Bai badirala / Ai, gaua / Zer dezu / Zer dezu / Isiltasunean? / Bainan gauez amets egiten det / bihar goizez mundua hobea izango dala, / gizonen gau beltzean pake itxaropen / ta maitasun berri bat / piztuko dirala, / gizonen gau beltzean / pake piztuko dala, / gauean, isilean, / argiaren promesa / bihar goizean / gauean isil-isilean / argiaren promesa / gizonen gau beltzean». (“Gaua”. Xabier Lete - Lorudes Iriondo)

(El el próximo "cuelgue" dedicado al libro "Crónica cantada de los silencios rotos" continuaré desarrollando el origen y la evolución de la "nueva canción vasca").

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