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viernes, 17 de junio de 2011

JOAQUÍN CALDERÓN "ANFIBIÓTICO". Cuando las cosas pueden hacerse de forma apasionada: "Anverso - I"

Aunque la semana que viene comentaré el nuevo disco de JOAQUÍN CALDERÓN "ANFIBIÓTICO", titulado "Anverso" –para ello tengo que volver a escucharlo y a poner en orden todo lo mucho que inicialmente me ha sugerido–, hoy quiero referirme a él para centrar la atención sobre dos aspectos que en realidad son ajenos, o tangenciales, a la música como tal, pero no al "disco" entendido como "producto", o como "objeto artístico", creado para que podamos disfrutar de él.

En ese sentido, en el nuevo disco de Joaquín me han llamado la atención: el diseño de la obra en su conjunto, y las ilustraciones utilizadas tanto en la portada de la carpeta del CD, como en todo su desarrollo.

El diseño, o mejor, el despliegue visual de "Anverso" ha sido creado por "Anuska"Ana Martínez Porro, que, a su vez, es la autora de las fotografías. Un diseño muy cuidado, sencillo, sobrio y, a la vez, tremendamente atrayente. (De Ana son también los diseños de discos como "Anfibiótico", de Joaquín Calderon; "Mareado", de José Antonio Delgado; "Transparente", de Rubén Márquez; "Callando" y "Sólo nubes", de Pablo Duque; o "La vida secreta de Peter Parker", de Manuel Cuesta).

Joaquín Calderón. (Fotografía de Ana Martínez Porro).

Las pinturas y los dibujos que ilustran la carpeta del CD y la separata adjunta son de Miguel Ángel Mayal, pintor sevillano que ha realizado un largo y reconocido itinerario artístico, y que, en esta ocasión nos ofrece la reproducción de tres extraordinarias obras en las que –inmerso en su universo plástico, desgarrado y simbólico– le da protagonismo a los instrumentos musicales de cuerda.





Menciono, inicialmente, estos dos aspectos del nuevo trabajo de Joaquín Calderón porque considero que los discos –antes los maravillosos LP's (en proceso de regreso), y ahora, con sus limitaciones, los CD's–, son "objetos artísticos" que merecen un buen tratamiento visual y estético. 

A mi personalmente me gusta disfrutar del disco así: como un "objeto artístico" que –aparte de escucharlo– pueda contemplarlo, tocarlo, manipularlo, visualizarlo al tiempo que disfruto de la audición de las canciones, pasar las hojas de su libreto, coleccionarlo...; por eso la compra de música por internet, aunque es útil y eficaz –yo lo comprendo–, a mi, personalmente, me deja muy insatisfecho.

Entiendo que en los tiempos que corren no todos los creadores pueden lanzar al mercado discos que, además de contener hermosas canciones –que les ha costado mucho esfuerzo grabar–, nos ofrezcan ese tipo de objeto o de producto artístico que estoy reivindicando y reclamando; pero ese hecho –real–, y ese entendimiento, no puede impedirme que resalte y valore obras globalmente hemosas –desde el punto de vista musical y estético– como la que Alejadro Martínez ha publicado cantando a Jaime Gil de Biedma; el increíbre disco-libro de Juan Gamero que comentaba hace unos días; el proyecto visual anexo a su disco desarrollado por Luis Quintana en "Bailando con Vicent", o, a un nivel más sencillo, la elegancia y el bello hacer de Miguel Guillén en la "Encrucijada", de Fernando Lobo.

Pues bien, el nuevo disco de Joaquín, aparte de ser un trabajo musical y poético de extraordinaria belleza y calidad –ya hablaremos de ello la semana que viene–, es también un "objeto artístico" muy cuidado; una obra que en su conjunto pone de manifiesto que es el resultado de una pasión, o mejor, de un apasionamiento: el que Joaquín siente por la música y que en "Anverso" ha sido capaz de expresar y comunicar.

1 comentario:

  1. Así es, Fernando. El disco es una maravilla en su conjunto. Se palpa el trabajo, el cariño, la creatividad y, sobre todo, el equipo. Siempre atento y dispuesto a todo lo que te va llegando, Fernando :)

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